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Sala Paleontología del MUREL. Foto: Mauricio Marat. INAH.

 

*** Tras la reapertura de sus salas permanentes y temporales, una nueva propuesta busca la ampliación de sus áreas de servicios y de operación

 

*** El proyecto prevé aumentar el área de exhibición para montajes de formato compacto; así como del depósito de colecciones, uno de los acervos más ricos del norte del país


 

 

Hace una semana, el Museo Regional de La Laguna (Murel) abrió de nuevo sus puertas en Torreón, Coahuila, para demostrar que el centro cultural más antiguo de esta región del norte de México, es capaz de “mudar de piel” sin perder su esencia. Consciente de su potencial, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) estudia un modelo de crecimiento que le posicione aún más entre los públicos de la Comarca Lagunera y foráneos.

 

Después de la actualización de sus cinco salas de exposición permanente y temporales, en la que se despliega Pirámides, montañas sagradas, el INAH, a través de la Coordinación Nacional de Museos y Exposiciones (CNMyE), junto con el patronato del recinto, busca dar continuidad a esta iniciativa, la cual prevé dotar de nuevos espacios al Murel y conectarlo de forma más armónica con el Bosque Venustiano Carranza.

 

Juan Manuel Garibay, titular de la CNMyE, explicó que esta propuesta parte de una valoración integral del edificio existente, de aquellos espacios subutilizados y que ya son insuficientes para los requerimientos de la visita. Con el apoyo de ingenieros estructuristas, se han considerado los elementos del proyecto original del arquitecto Jaime de Lara Tamayo, para trazar estrategias que eficienten su operación y mantenimiento.

 

Sin embargo —acotó—, se necesitan más análisis sobre el estado del inmueble para tener certeza de la viabilidad de este crecimiento espacial. El modelo toma en cuenta el mayor aprovechamiento de la incidencia solar y del bosque urbano, para vincular sus espacios interiores y exteriores con áreas de encuentro, como sería la creación de un “sendero mesoamericano”, pensado como un recorrido por las expresiones culturales de esta inmensa área del México prehispánico.           

 

La propuesta, cuya viabilidad y gestión requiere la coordinación con instancias locales, considera posible el incremento en 33%, alrededor de 400 m², del área de exhibición del Murel, para montajes de formato compacto sobre diseño, arquitectura y producción local. También se completaría la superficie destinada del área administrativa con 133 m², donde estarán las oficinas del Patronato del Murel, así como de operación y seguridad del recinto.

 

Garibay abundó que el depósito de colecciones también podría acrecentarse en 47% por medio de espacios con accesibilidad visual y condiciones controladas para el resguardo de textiles (considerando los valiosos materiales prehispánicos que preserva, entre ellos, los de la Cueva de La Candelaria).

 

En la reciente reapertura del Murel, el ingeniero Héctor Guerrero Herrera, presidente del Patronato del Centro Cultural de La Laguna AC, expresó que la intención es aumentar la infraestructura de algunos servicios, entre ellos, el de sanitarios, y contar con nuevos espacios en una segunda planta, como serían una cafetería, mirador y terraza e, inclusive, un observatorio astronómico. Todo esto pensado a un mediano plazo, probablemente, en 2023.

 

Por ahora, con la renovación de sus salas permanentes y la presencia temporal de la muestra Pirámides, montañas sagradas, la directora del museo, Gretel de la Peña Villarreal, estima que se duplique el número de visitantes locales y extranjeros, toda vez que recibía entre seis y ocho mil por mes, principalmente público escolar.

 

A través de las secciones Primeros Pobladores, Arqueología Regional, Mesoamérica, Paleontología y Etnografía, los distintos públicos tienen “la oportunidad de dialogar con los primeros grupos humanos que llegaron a lo que hoy es Coahuila, hace 8,000 años, y dejaron sus huellas; y con los grupos nómadas de cazadores-recolectores que se adaptaron al semidesierto y permanecieron en él hasta el siglo XVIII.

 

“Sin embargo, el Murel brinda un panorama amplio del devenir del norte, en contexto con el resto del territorio mexicano, por eso, en la Sala Mesoamérica se detalla cómo hace 2,500 años, cuando los nómadas permanecieron en nuestra región, se desarrollaron otras culturas que construyeron ciudades con pirámides, religiones politeístas y sociedades organizadas jerárquicamente”, extiende a manera de invitación la titular del Murel.

 

Los apartados de Paleontología y de Etnografía han sido una novedad. El primero hace honor a un estado que ha sido nombrado “tierra de dinosaurios”, pero también lo es de moluscos, plantas y otros animales prehistóricos que lo poblaron hace 1,500 millones de años. Esta sala ubica dichos vestigios en la etapa geológica a la que pertenecen, y divulga, de manera didáctica, la labor de los paleontólogos para rescatar, conservar y difundir estos testimonios.

 

Pero como no todo es pasado, el Murel quiso incluir en esta renovación las diversas identidades que conforman Torreón, una ciudad de migrantes surgida prácticamente de la nada con la llegada del ferrocarril en la última década del siglo XIX. Además de abordar los aportes de estas comunidades extranjeras en la idiosincrasia coahuilense, se revela la presencia que tuvieron kikapúes y mascogos que provenían de Estados Unidos, así como rarámuris y mazahuas venidos de otros estados de la República Mexicana.

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