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Apuntalamiento. Foto: Fidel Ugarte Liévana. INAH-OAXACA.

 

*** Autoridades del INAH y del World Monuments Fund compartieron la metodología usada en la intervención del Juego de Pelota, y los edificios A y P, entre otros monumentos

 

*** Durante la jornada también se visitó Atzompa, donde ya concluyeron las tareas en las seis edificaciones que resultaron afectadas tras los eventos sísmicos


 

 

Los trabajos de conservación en la Zona Arqueológica de Monte Albán tuvieron un antes y un después tras el terremoto de Puerto Ángel, el cual sacudió Oaxaca hace poco más de veinte años. Esa experiencia demostró que la Plaza Principal de la antigua capital zapoteca tiende a desplazarse hacia el este, donde se ubica una barranca, comportamiento que corroboró tras los sismos de septiembre de 2017.

 

La doctora Nelly Robles García, investigadora del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), explicó que esto implica el movimiento de grandes volúmenes de relleno dispuestos entre 200 a.C. y 200 d.C., en la construcción de la Plaza Principal. “Con el paso de los años, el sitio fue perdiendo parte de estos rellenos y aplanados; asimismo, los edificios no siempre fueron consolidados en su totalidad, de suerte que no trabajaban como estructuras, sino como un montón de tierra”.

 

Así lo detalló con motivo de la celebración del “Watch Day”, efectuado este 30 de enero en Monte Albán-Atzompa, un día de festejo en torno al patrimonio cultural, organizado por el “Proyecto de Conservación a los Daños por los Sismos de 2017”, el cual atiende a ambas zonas arqueológicas, toda vez que es una de las iniciativas de interacción entre el INAH y el World Monuments Fund (WMF).

 

A más de un año de labores de investigación y de restauración arquitectónica, los dos organismos se unieron para difundir los avances de estos proyectos que, en el caso de Atzompa ya concluyeron con la rehabilitación de los edificios 1, 2, 3, 4, 6 y 16. Como pudieron confirmar investigadores, prestadores de servicios turísticos, técnicos, trabajadores de la obra e instituciones, que fueron partícipes en la jornada.

           

Robles mencionó que gracias al WMF se obtuvo un equipo de alta tecnología, como un resistivímetro, cuya antena logra profundizar a 50 metros: “Esto ha marcado nuevos criterios en nuestra metodología de trabajo, pues estamos viendo las estructuras de una manera distinta, determinando la composición de los suelos y la reacción de las capas geológicas. Con base en ello tomamos acciones para su conservación”.

 

En Monte Albán, parte de la solución que se ha venido manejando, es la restauración de las fachadas posteriores de los edificios al poniente de la Plaza Principal, así como la instalación de hiladas de gaviones como apoyo a los muros prehispánicos. La arqueóloga fue categórica al señalar que el enemigo número uno de los edificios de Monte Albán, no son los sismos, sino la humedad en su interior, la cual disgrega el material constructivo original.

 

Otra arista de la problemática, compete a los materiales que, en décadas pasadas se consideraron para la restauración, como cemento en muros y trabes de concreto, y que añadieron un peso extra a las estructuras. La liberación de estos agregados se hizo a mano, lo que también dilató los trabajos. En suma, “son una serie de aspectos que debemos de atender de manera simultánea y corregir en la medida de lo posible”.

 

Al hacer una visita a los monumentos restaurados en Monte Albán, Nelly Robles, quien coordina el citado proyecto de conservación, señaló que 13 edificios de esta zona arqueológica se vieron afectados en distintos grados, siendo los más dañados el Juego de Pelota, con el colapso parcial de dos muros del cabezal sur, y los edificios A y P, los más deteriorados.

 

Juego de Pelota

 

Para lograr un diagnóstico adecuado del comportamiento de los edificios dañados, se realizó un estudio integral mediante el análisis histórico, del sistema constructivo, la evolución del edificio (incluyendo las intervenciones) y la confirmación de los datos obtenidos con excavaciones arqueológicas, así como asesoría de diferentes especialidades, entre ellos geólogos e ingenieros.

 

En palabras de la también maestra en conservación de arquitectura prehispánica, esta emergencia supuso indagar en el funcionamiento de los monumentos, por ejemplo, fue posible intervenir el drenaje más importante que desaloja el agua pluvial del área norte de la Plaza Principal, el cual fue sellado por los propios zapotecas al abandonar la antigua ciudad.

           

“Se restauraron los muros del Juego de Pelota, y aprovechamos para realizar pozos arqueológicos, los cuales nos ayudaron a conocer las épocas de construcción de los drenajes y entrar a estos túneles en búsqueda de las salidas hacia la plaza y la ladera del cerro. Eso implicó una gran excavación arqueológica en el Juego de Pelota —por donde atraviesa este sistema—, exploramos el túnel, se consolidó, restauró y rehabilitó. La intención es seguir buscando estos desagües originales porque ayuda en mucho a la supervivencia de toda la plaza”.

 

Edificio A

 

También localizado en la Plataforma Norte de Monte Albán, fue uno de los más dañados, por lo que se apuntaló inmediatamente después del sismo del 7 septiembre, atención oportuna que permitió reducir riesgos cuando se presentó el temblor del día 19. En general una sección grande del edificio se hundió y ejerció presión en los cuerpos inferiores, provocando grietas pronunciadas, desplazamientos y deformaciones en los muros.

 

La atención a esta galería abierta, la cual fue rellenada posteriormente, requirió una excavación arqueológica a 10 metros de profundidad. Con base en registros de las exploraciones de Alfonso Caso, fue posible definir la existencia de una escalinata al frente del edificio piramidal, así como el arranque del muro perimetral, para encontrar el doble escapulario, un elemento arquitectónico que consiste en dos cornisas cuadrangulares que delimitan un friso, y que es típico de la antigua arquitectura oaxaqueña.

 

Nelly Robles dio a conocer que “hemos ido encontrado algunas ofrendas compuestas, en su mayoría, por cerámica, las cuales refieren la dedicación de estas construcciones a deidades. En el Edificio A recuperamos más de 30 kilos de mica, pareciera que, incluso, hubo un piso completo elaborado con estos minerales; lo que indica que no era sólo el afán de construir, sino que los zapotecas daban acabados muy delicados a sus edificios”.

 

Edificio P

 

Como una labor titánica, calificó Robles García a la intervención en el Edificio P, quizá, el caso más crítico, donde casi se concluye la restauración de su fachada. Sin embargo, la atención de su parte posterior, la cual presentaba grandes grietas, conllevó una inmensa excavación arqueológica: se trazaron 12 calas que abarcaron hasta la última terraza en la ladera del cerro, “revelándonos que para la construcción de la Plaza Principal se llevó cabo una cantidad impresionante de rellenos para nivelar el terreno, tenemos al menos 9 metros de puro relleno.

 

“También obtuvimos la secuencia de las caídas que ha presentado este edificio (P) en varios momentos, tenemos ahora la historia de sus derrumbes y cómo se fueron depositando estos volúmenes en las secciones posteriores. Ingenieros civiles del Instituto Tecnológico de Oaxaca están abocándose en desarrollar una propuesta para la contención de estas laderas.

 

“En todo este proceso, el cual aún no concluye, hemos estado acompañados por jóvenes arquitectos e ingenieros prestadores de servicio social, quienes están aprendiendo de nosotros a ver los edificios desde otros ángulos. Asimismo, tenemos la gran fortuna de contar como aliado al World Monuments Fund, que nos provee recursos para seguir trabajando, y a las comunidades aledañas, que cuentan con experiencia en la restauración de edificios arqueológicos”, concluyó Nelly Robles.

 

En el marco del “Watch Day”, en el Museo de Sitio de Monte Albán se abrió una exposición conformada por una veintena de fotografías de estos trabajos de conservación. La jornada concluyó en el Centro Cultural San Pablo, con una conferencia magistral del doctor Rohit Jigyasu, vicepresidente del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (ICOMOS), titulada Mantenimiento, monitoreo e integración para reducir los riesgos de desastres para el patrimonio cultural: desafíos y oportunidades.

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