Con homenaje a su fundador, Alfonso Caso, el INAH culmina conmemoraciones por su 80 aniversario. Foto: Mauricio Marat. INAH.

 

*** A 124 años del natalicio de uno de los “Siete sabios”, la comunidad de la institución refrendó su compromiso de proteger el patrimonio cultural de la nación

 

*** El Instituto debe asumir un giro en su encargo social y renovarse; “ser más resiliente, imaginativo, creativo y comprometido con los grandes problemas nacionales”: Diego Prieto


 

 

Como si hubiera sido predestinado a fundar la primera institución en la que México materializó y dinamizó una política cultural de Estado, escasos dos días separan el natalicio de Alfonso Caso Andrade, de la creación del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). A 124 años del nacimiento de su impulsor, este sábado 1 de febrero la comunidad de este importante organismo federal le rindió un homenaje en la Rotonda de las Personas Ilustres, depositando una ofrenda floral frente a su sepulcro y el acompañamiento de la Banda Sinfónica de la Secretaría de Marina.

 

Con estos honores en el Panteón Civil de Dolores, el INAH también culmina los actos conmemorativos llevados a cabo por su 80 aniversario, entre los cuales destacó la publicación de un grueso volumen sobre su devenir y sus desafíos actuales, así como el reconocimiento de ocho congresos estatales, “a una fructífera trayectoria que sigue manteniendo sus cometidos originales: investigar, conservar, proteger y difundir el inmenso patrimonio paleontológico, arqueológico, histórico y antropológico de la nación”, manifestó su director general, el antropólogo Diego Prieto Hernández, al presidir el acto solemne.

 

El homenaje también fue encabezado por la subsecretaria de Desarrollo Democrático de la Secretaría de Gobernación, Diana Álvarez Maury; por el investigador emérito del INAH, el reconocido arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma; por la secretaria técnica de la institución, Aída Castilleja González; y por el historiador Bolfy Cottom. Durante el evento se hizo entrega de una medalla conmemorativa a tres de los exdirectores del INAH: Teresa Franco, Enrique Florescano y Sergio Raúl Arroyo, así como al ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, hijo del expresidente Lázaro Cárdenas, a quien se debe el decreto de creación del Instituto.

           

El titular de la institución, Diego Prieto, recordó que un antecedente ineludible para comprender el surgimiento del INAH, es el hallazgo de la Tumba 7 de Monte Albán, por parte de Alfonso Caso, en 1932, ya que el descubrimiento de las extraordinarias ofrendas mixtecas depositadas en su interior, supuso un debate definitivo dentro de la jurisprudencia, sobre el papel del Estado en la procuración de los bienes culturales.

 

Nadie más ideal para ser su primer director –dijo–, que el propio Alfonso Caso, uno de los “Siete sabios”, abogado formado en la Escuela Nacional de Jurisprudencia, quien encontró en la arqueología, la historia y la antropología, una firme vocación, pues como él mismo llegó a manifestar a  sus alumnos, la obligación de los científicos “es decir la verdad”, o como llegó a expresar Jaime Torres Bodet sobre él, su interés radicaba “no solamente en el espectáculo de las ideas expuestas, sino el de hallar (...) los testimonios de una evolución coherente del pensamiento humano”.

 

Para Diego Prieto, “hoy por hoy, como dependencia de la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, el INAH está presente –y debe estarlo cada día con mayor contundencia— en el debate sobre la protección de los recursos naturales y el patrimonio biocultural; en los planes de desarrollo social, económico, educativo y turístico del país, para fortalecer el conocimiento y cuidado de nuestro patrimonio cultural, y garantizar el reconocimiento de nuestra pluriculturalidad. En suma, para incidir en las mejores condiciones de vida de los mexicanos, y en la búsqueda de un desarrollo con justicia, sustentabilidad y respeto a la pluralidad a la que estamos convocados todos”.

           

El homenaje in memoriam de Alfonso Caso –continuó– es, de alguna manera, un reconocimiento colectivo a mexicanos universales, extranjeros mexicanizados, mujeres y hombres dedicados y críticos, entregados al INAH,  es decir, al pasado y al futuro de esta nación. Muestra ello fue el reconocimiento dado a sus investigadores eméritos, con una especial mención al doctor Francisco López Morales, exdirector de Patrimonio Mundial, quien ha donado una rica biblioteca sobre estos temas, a la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía (ENCRyM).

 

En palabras del profesor Eduardo Matos, recordar la figura de Alfonso Caso, es recordar la historia de la antropología, pero también evocar a un hombre de fuertes convicciones, incorruptible, fundador de instituciones como el INAH y el Instituto Nacional Indigenista; y pilar de otras tantas como la Universidad Nacional Autónoma de México –de la que fue rector—, la Academia Mexicana de la Historia y El Colegio Nacional. Ese legado se confirmó en esta ceremonia, con la presencia de grandes académicos como el antropólogo Alfredo López Austin y el historiador Javier Garciadiego, por mencionar algunos.

 

Así también lo consideró el historiador Bolfy Cottom, pues “muchas de las ideas y acciones de don Alfonso dan fruto hoy, toda vez que ha sido el tiempo de defender el conocimiento, la investigación, la docencia, nuestras instituciones y, desde luego, nuestras culturas e historia. Es decir que, si queremos construir un mejor país y una acción honesta en nuestra sociedad, hay un compromiso que todos estamos obligados a cumplir, claro, sin llegar a un nacionalismo inútil, en virtud de que no podemos negar el momento histórico que nos ha tocado vivir, donde, prácticamente, todas las realidades están interconectadas", refirió el investigador de la Dirección de Estudios Históricos del INAH.

 

A ocho décadas de la fundación del INAH, el cual dirigió Caso entre 1939 y 1944, esta institución, que ha sido clave en el fortalecimiento de la identidad nacional, en la construcción de un sentido de pertenencia, en el reconocimiento de su origen y una memoria compartidos, enfrenta un nuevo reto en este siglo XXI: hacer valer la composición pluriétnica del país, sustentada en sus pueblos originarios, tal y como se asienta en la Carta Magna.

 

En su devenir, el INAH –como concluyó su director general, Diego Prieto Hernández– ha acompañado fenómenos sociales, políticos, económicos y demográficos, los cuales plantearon profundos y cambiantes desafíos para la comprensión, la recuperación, la defensa, la conservación y el uso social del patrimonio cultural. Por tanto, en el momento presente, debe asumir un giro en su encargo social y tiene que renovarse: “ser más resiliente, imaginativo, creativo y comprometido con los grandes problemas nacionales, buscando un balance entre su pasado y su presente para trazar el futuro de su vida académica y cultural”.

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