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El programa académico arrancó con una conferencia del doctor Rogelio Ruiz, investigador de la UABC, sobre las Tendencias historiográficas a inicios del s XXI. Foto: Melitón Tapia. INAH.

 

*** El programa académico arrancó con una conferencia del doctor Rogelio Ruiz, investigador de la UABC, sobre las Tendencias historiográficas a inicios del siglo XXI

 

*** Sostuvo que la interdisciplinariedad sustenta tendencias historiográficas como la historia del tiempo presente, la cual depende de las tensas relaciones entre historia y memoria


 

 

Con un camino ya andado en estudios históricos del tiempo presente, los institutos nacionales de Antropología e Historia (INAH) y de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM), junto con la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), han generado un seminario interinstitucional sobre estos temas, pensado como un espacio de diálogo y debate entre estudiantes de licenciatura y posgrado, con especialistas nacionales y extranjeros.

 

La actividad, organizada por el INAH a través de su Dirección de Estudios Históricos (DEH), y por la UNAM, mediante el Instituto de Investigaciones Sociales (IIS), arrancó en esta última sede con una conferencia del doctor Rogelio Ruiz Ríos, investigador de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC), sobre las Tendencias historiográficas a inicios del siglo XXI.

 

Las coordinadoras del seminario: Eugenia Allier, Magdalena Pérez y Halina Gutiérrez, adscritas respectivamente al IIS, la DEH y el INEHRM, informaron que la próxima sesión tendrá lugar en este último instituto (Francisco I. Madero 1, San Ángel), el 11 de marzo, con la participación de la historiadora Daniela Gleizer en torno a la Migración, hoy y ayer.

 

Por su parte, Rogelio Ruiz, exdirector del Instituto de Investigaciones de la UABC, sostuvo que la historiografía proporciona una conciencia sobre la historicidad de la propia disciplina, y su importancia es sustantiva, si se considera que las nuevas generaciones de científicos sociales y humanistas suelen citar como “nuevas”, teorías lanzadas cuatro décadas atrás: la microhistoria italiana, la historia de las mentalidades, y algunos señalan, incluso, los estudios de género y la historia oral.

 

Sin soslayar el pasado más inmediato de la historiografía, marcado por el llamado “Fin de la historia” con figuras clave como Francis Fukuyama, y en cuyo marco político y cultural se desenvolvió la llamada “Generación X” caracterizada por su nihilismo; así como a críticos del posmodernismo, entre ellos Hyden White; el ponente dijo que, hoy día, las sociedades están imbricadas en relaciones y dinámicas globalizantes bajo el aura de la informática, y se alientan políticas culturales favorables a la diversidad.

 

En materia de conocimiento —continuó— “todo indica que participamos de una transformación epistémica, con la interdisciplinariedad como uno de sus ejes rectores. Ésta sustenta tendencias historiográficas hoy en boga como la historia del tiempo presente, que depende de las tensas relaciones entre historia y memoria, la cual —según las necesidades particulares de sus adeptos— incorpora conceptos, métodos y técnicas de otras disciplinas de las ciencias sociales y humanidades”.

 

La emergencia del tiempo presente y algunos de los aspectos propios de la interdisciplinariedad, agregó, han suscitado reacciones adversas entre los que él nombró, “terraplanistas” de la historia, “dados a asumir que el oficio de historiar consiste en descripciones del pasado, valiéndose únicamente de registros documentales originados en algún tipo de institución y que erigen fronteras absurdas para separar a la historia de la antropología y la sociología, por mencionar los ejemplos más recurrentes”.

 

Ruiz Ríos, miembro del Sistema Nacional de Investigadores y co-coordinador del libro Atisbos de la nación y memoria desde la historia y los estudios culturales, sostuvo que la irrupción de la memoria como forma de registrar y testimoniar el pasado, generó tensiones con la historia, en una atmósfera de inquietud intelectual la cual también colocó en la agenda un renovado interés por el tiempo, como concepto y dimensión “experiencial”.

 

Hizo hincapié en que a François Hartog se debe una de las tesis historiográficas de mayor impacto en nuestros días basada en la noción de ‘regímenes de historicidad’, partiendo del diagnóstico de que las sociedades contemporáneas atraviesan por un ‘presentismo’ a consecuencia de la aceleración del tiempo histórico.

 

“La memoria desplaza a la historia y todo pasa tan rápido que genera una arrogancia de la generación actual, manifiesta en la necesidad de conservar y patrimonializar todo legado en nombre de las generaciones futuras. La memoria se ha convertido en ‘un instrumento presentista’”, detalló el conferencista.

 

Anotó que, por lo general, los historiadores comprenden que historia y memoria son indisociables, que ambas se complementan y son fundamentales en la necesidad de aprehender las experiencias pasadas. Pero esto entraña también tener cierta pertinencia conceptual acerca del tiempo en general y del tiempo histórico en particular, además de sus nexos con el espacio.

 

Al respecto citó a Lynn Hunt, quien ha abordado la “exploración multidireccional” de los historiadores en las últimas décadas, coordenadas que van de las interconexiones globales al medioambiente, de la religión a la raza, o del destino de las sociedades poscoloniales y posautoritarias, al regreso de la historia política.

 

El auge de la historia global ha generado el surgimiento de estudios catalogados como “historia trasnacional”, “nueva historia mundial” e “historia transcultural”. Las preocupaciones de índole ambiental y la entrada en el llamado periodo Antropoceno han revitalizado la “historia animal”, la cual tiene en Harriet Ritvo su principal figura, seguida por autores como Eric Baraty.

 

Mientras que están en boga perspectivas de larga duración bajo la etiqueta de “Big History”, “Historia amplia”, “Deep History” o “historia profunda”, las cuales intentan abordar miles y hasta millones de años más allá del acontecer humano.

 

“Ha habido incluso llamados a la acción para que los historiadores participen en la toma de decisiones que afectan al mundo y que retomen los estudios de ‘larga duración’, desplazados hace unos años por las investigaciones de “corto plazo” y de microescalas, como fue el caso en el muy difundido Manifiesto por la historia. Cabe mencionar también el enfoque interseccional (del que la historia es partícipe), para el cual resulta imprescindible en todo estudio las perspectivas del género, raza y clase”.

 

Rogelio Ruiz concluyó que tal vez la principal función de la historia en la actualidad, “radique en recordarnos el valor social de la empatía y la comprensión entre semejantes y las especies”.

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