Cuatro Ciénegas, un lugar ancestral para ver las estrellas, así lo indican pinturas plasmadas en rocas hace miles de años. Foto: Mauricio Marat. INAH.

 

*** Sale a la luz nuevo libro con un estudio que se acerca, por primera vez, a la relación con los astros de los pobladores más antiguos del desierto en Coahuila

 

*** La investigación ganó un concurso estatal y ofrece aportaciones de relevancia sobre los cazadores-recolectores


 

 

Cuatro Ciénegas, Coah.- La arqueología de los cazadores-recolectores nómadas del desierto no puede hacerse sin largas caminatas subiendo escarpados en busca de cuevas con huellas humanas, como las manifestaciones gráfico-rupestres, y sin mirar al cielo. Así lo ha hecho, durante casi 20 años, el arqueólogo Yuri de la Rosa Gutiérrez en el extenso territorio de esta entidad, cuyos estudios lo han llevado a comprobar que también hay “estrellas” en la piel de las rocas.

 

El investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) resultó ganador de un concurso convocado por el Gobierno del Estado de Coahuila —400 puntos por encima del segundo lugar—, un certamen que daba como reconocimiento la publicación de la investigación ganadora. Así nació el libro Los astros en las rocas de Coahuila: arqueología de los antiguos habitantes del desierto (diciembre 2019), el cual fue presentado en la Casa de Cultura de Cuatro Ciénegas.

 

Los estudios arqueológicos en la región desértica de Coahuila han sido escasos si se compara con la gran cantidad de temas y aspectos investigados en las sociedades prehispánicas del centro, sur y sureste de México; como consecuencia, el abordaje del tema del impacto de los astros en los grupos que habitaron el desierto es mínimo; es así que este libro viene a dar nuevas luces sobre el interés que tenían los cazadores-recolectores por observar el cielo y dejar plasmada en las rocas su visión del mundo.

 

Por lo anterior, Adriana Baca Barreno, directora de la Casa de Cultura, señaló que De la Rosa Gutiérrez es para la población un personaje que llegó a enriquecer la vida de la región central de Coahuila, desarrollada en medio del desierto, alejada de ciudades, pero con importante infraestructura cultural. La pasión, trabajo e interés del arqueólogo no pasó desapercibida y por eso lo han adoptado como cieneguense.

 

Baca Barreno señaló que el libro da cuenta de lo necesario y urgente que es la conservación de los sitios arqueológicos, “será un libro obligado para quienes deseen continuar la investigación arqueológica en la región, y habrá que motivar en otros tantos el interés por este patrimonio y por una región especial”.

 

El autor también ha registrado y explorado cuevas mortuorias y campamentos, primero en Cuatro Ciénegas y después en todo el estado, haciendo intensos recorridos, lo mismo hacia el norte que el sur y el centro, por eso considera que su libro, aunque se centra en seis sitios, está basado en el conocimiento de todas las regiones de Coahuila, pues en ellas ha encontrado manifestaciones gráfico-rupestres.

 

Hasta la fecha, en Coahuila, el INAH tiene registrados cerca de 400 sitios arqueológicos, y la gran mayoría son de manifestaciones gráfico-rupestres. En Cuatro Ciénegas hay 50 de ellos, y en Candela, el municipio vecino, cuatro. Aun así, el universo de lo conocido, comparado con lo que existe, es mínimo, advierte De la Rosa.

 

Las estrellas en la vida cotidiana y ritual

 

En su estudio, el arqueólogo identifica y clasifica posibles motivos astronómicos en la gráfica rupestre de Coahuila, a partir del análisis específico de seis sitios: Junco I, Junco II, La Espantosa, Cueva de la Estrella, localizados en el municipio de Cuatro Ciénegas, así como Mesa de Cartujanos I y Petrograbados del Huizachal, en el municipio de Candela, cuyas antigüedades aún no están comprobadas, pero por elementos arqueológicos asociados, podrían corresponder al periodo de Consolidación de la Cultura del Desierto (2275 a.C.-5100 a.C.) hasta el Clásico de la Cultura del Desierto (1200 d.C-1450 d.C.).

 

De la Rosa Gutiérrez partió de la hipótesis de que los habitantes prehispánicos del desierto observaban el cielo de forma sistemática, que los fenómenos astronómicos impactaban y formaban parte de su cosmovisión, y que algunos en particular fueron representados en pictografías y grabados realizados en ritos y ceremonias.

 

Para el arqueólogo los motivos astronómicos tienen que ver con los ciclos de la naturaleza, eran marcadores y reguladores de la vida de los cazadores-recolectores y los ciclos de vida en el desierto; “su observación les permitía saber cuándo se dan las pitayas, cuándo aprovechar el venado, cuándo va hacer frío, porque los ciclos naturales están marcados por los astros, se pueden contar a través de estos”, señala; por esto su hipótesis principal es que los cazadores-recolectores usaban esos conocimientos para su vida cotidiana y para la ritual en ocasiones especiales.

 

De lunas a eventos astronómicos     

 

Luego de realizar el registro de sitios, a través de la consulta de cartas topográficas y fotografía aérea, entrevistas a pobladores y recorridos sistemáticos a pie, el investigador del INAH comenzó el estudio y catalogación de los paneles con pictografías localizados, y en los seis sitios estudiados a profundidad identificó diversos tipos de objetos celestes plasmados sobre rocas en acantilados, cañones y cuevas:

 

Lunas (dos líneas con distinta curvatura que se juntan en los extremos, representando las distintas fases), soles (círculos concéntricos y círculos vacíos o llenos en el interior, con líneas uniformes, regulares, simétricas o de similar tamaño, representando rayos solares), estrellas (círculos con líneas o rayos de tamaño diferente y dispuestos en forma no siempre simétrica, líneas rectas intersecadas entre sí, que parecieran moverse como estrellas que titilan).

 

Planetas (similares a las estrellas), cometas (círculos con líneas rectas o curvas largas y de poca curvatura que parecieran salir de ellos), constelaciones (figuras asociadas a otros astros y que pudieran representar constelaciones del hemisferio norte) y meteoritos (círculos con líneas onduladas que parecieran salir de ellos y dan sensación de movimientos fugaces).

 

También, propone posibles eventos astronómicos registrados en los algunos paneles, uno de estos lo advierte en la Cueva La Espantosa, un sitio que sirvió de habitación, localizado en la parte alta de un cañón donde las condiciones de observación son inmejorables: la composición de dos figuras y la posición de una respecto a la otra pudieran representar la aparición de la supernova Cangrejo, en el año 1054.

 

El fenómeno celeste fue observado en todo el hemisferio norte, y por su magnitud fue registrado por varias culturas de la antigüedad como los chinos o los Puebloans, estos últimos lo registraron en Chaco Canyon, en una manifestación gráfico rupestre muy parecida a la de La Espantosa.

 

En los seis sitios, De la Rosa analizó mil 331 figuras, de las que, al menos, 27 se pueden identificar con carácter astronómico, el 2 por ciento; en general, el estilo de pintura que prevalece en la región central de Coahuila presenta motivos geométricos, líneas, cuadros y círculos, y no tiene elementos figurativos.

 

En la presentación estuvieron como invitados especiales la alcaldesa de Cuatro Ciénegas, Yolanda Cano, y el director del Centro INAH Coahuila, Francisco Aguilar, quienes han sumado esfuerzos para poner en valor el patrimonio cultural del municipio.

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