Conferencia de Eduardo Matos. El Sol y La Luna. Foto: Melitón Tapia. INAH.

 

*** En el marco de la exposición Tetzáhuitl. Los presagios de la conquista de México, departió acerca del sol, la luna y la tierra, a partir de las esculturas de la Piedra del Sol, Coyolxauhqui y Tlaltecuhtli

 

*** El investigador emérito del INAH expuso el devenir de estos monolitos, desde 1790 hasta 2006


 

 

Con una disertación acerca de la historia y la cosmogonía mexicas, vistas a partir de tres elementos clave para la vida diaria de aquel pueblo antiguo: El Sol, la Luna y la Tierra, el arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma dio esta mañana continuidad al ciclo de conferencias que se desarrolla en el Museo del Templo Mayor (MTM), como parte de la exposición temporal Tetzáhuitl. Los presagios de la conquista de México.

 

En la actividad, organizada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), el investigador emérito de la institución dedicó su ponencia a la memoria de dos personajes: el historiador Miguel León-Portilla y el joven arqueólogo Neftalí Galván, en la cual abordó los tres monolitos que representan a esos tres elementos: la Piedra del Sol, Coyolxauhqui y Tlaltecuhtli.

 

Siguiendo el orden en que se registraron los hallazgos de dichas esculturas, Matos Moctezuma se remontó a finales del siglo XVIII, en específico a las obras públicas que promovió el segundo conde de Revillagigedo, en la Plaza Mayor de la capital novohispana.

 

Fue el 17 de diciembre de 1790 cuando el monolito, que popularmente se conoce como Calendario Azteca, volvió a la superficie en un momento adecuado pues, relató el arqueólogo, para la Corona española –acusada en ese tiempo por otros reinos europeos acerca del “poco valor” que había tenido su triunfo sobre “seres inferiores”, como los indígenas americanos– fue muy oportuno encontrar un vestigio que probaba el alto nivel cultural alcanzado por los pueblos que, tres siglos antes, había subyugado.         

 

Esta imponente pieza de más de 20 toneladas, dijo, se caracteriza por la representación que en su centro hace del dios Tonatiuh; y se enmarca en la creencia que tenían los mexicas acerca de las tres fases por la que atravesaba el sol a diario.

 

“Cuando amanecía, vigoroso y radiante, el sol evocaba a Huitzilopochtli que resurgía del inframundo”, luego, al mediodía se trasmutaba en Tonatiuh como una figura vigilante y protectora y, finalmente, pasaba por una tercera fase que era el ocaso, cuando las cihuateteo (mujeres muertas en su primer parto y, por lo mismo, consideradas guerreras) se unían a él antes de que fuese engullido por la tierra”.

 

En su ausencia, es decir, en la noche, eran los númenes asociados a ésta los que predominaban, por ello es que Coyolxauhqui –el segundo monolito abordado por el arqueólogo­– tiene una importancia vital para los estudiosos de la religión mexica.

 

El investigador emérito del INAH relató al público, el cual abarrotó el auditorio que lleva su nombre en el MTM, el principal mito de los mexicas, relativo al nacimiento de Huitzilopochtli, su dios guerrero, con el que ellos mismos “justificaron el poder conquistar y exigir tributo” a las decenas de señoríos y pueblos mesoamericanos que, en efecto, sometieron.

 

Tal leyenda narra cómo Coatlicue queda embarazada por efecto de una bola de plumas que recoge del cielo; acto que sus hijos, liderados por la guerrera Coyolxauhqui –cuyo monolito, dijo, la representa ataviada con penacho y vestimenta bélica–, consideran una ofensa punible con la muerte.

 

“El desenlace de ese mito está representado en el adoratorio sur del Templo Mayor. Así, tenemos que esa parte del basamento simboliza al cerro de Coatepec, donde tuvo lugar el combate entre Huitzilopochtli, victorioso en la cima, y Coyolxauhqui, cuyo monolito encontramos en 1978, y el cual alude a su derrotada y desmembramiento al pie de las escalinatas del templo”.

 

Finalmente, el arqueólogo abordó el monolito de Tlaltecuhtli, descubierto por investigadores del INAH el 2 de octubre de 2006. Su simbolismo, subrayó, se vinculaba con la capacidad que tal diosa tenía para engullir a los muertos y al sol mismo hasta el esperado punto de su renacimiento por el oriente.

 

“Estas tres esculturas están llenas de mitos e información no sólo histórica sino también científica, es decir, no son solo piedras con figuras talladas”, enfatizó el investigador al hacer un llamamiento final a la valoración y protección, desde la propia ciudadanía, del patrimonio arqueológico de México.

 

El ciclo de conferencias de la exposición Tetzáhuitl. Los presagios de la conquista de México continuará el próximo sábado 29 de febrero, a las 10:00 horas, con la ponencia Los mexicas en Tula y Tula en México-Tenochtitlan, que impartirá el arqueólogo Leonardo López Luján.

 

Cabe mencionar que la exposición temporal que da origen al ciclo se encuentra aún abierta al público en el Museo del Templo Mayor (Seminario 8, Centro Histórico de la Ciudad de México).

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