Cuando vemos que hay niños hablando la lengua sabemos que esa lengua está vital. Foto: Melitón Tapia. INAH.

 

*** Una muestra temporal establece una “conversación” entre fotografía y texto, desde la mirada de 41 autores y la voz de los hablantes de 62 lenguas indígenas

 

*** También se realizó una mesa de diálogo con la participación de expertos en educación indígena, promotores culturales, activistas, antropólogos y fotógrafos


 

 

Cierra el Año Internacional de las Lenguas Indígenas y la UNESCO traza la ruta para un decenio de acciones para su revitalización, entre 2022 y 2032, labor en la que inciden las políticas de la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, con el objetivo de que no haya ni una lengua ni un hablante menos.

 

En esta coyuntura, la imagen y la palabra de los pueblos originarios de México florecen en el Museo Nacional de Antropología (MNA), a través de una exposición temporal que es un llamado de alerta, pero también un viento de esperanza para recuperar y afianzar este patrimonio colectivo e intangible.

 

De los 68 pueblos indígenas que habitan en el país, 62 están representados en De la imagen a la palabra. Los pueblos originarios de México y sus lenguas, muestra fotográfica que fue inaugurada por la secretaria técnica del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), Aída Castilleja González, y el director de Lingüística de la institución, Julio Alfonso Pérez Luna.

 

Bajo la coordinación de Rosa María Rojas Torres y Alejandra Álvarez, la exhibición entabla un diálogo entre imágenes que fueron capturadas por 41 autores, entre hablantes, lingüistas, antropólogos, etnohistoriadores, profesores y fotógrafos profesionales, con textos creados por ellos mismos a partir de estas fotografías y escritos en las respectivas lenguas maternas.

 

La diversidad lingüística del orbe se encuentra en un momento crítico, pues un buen número de los seis mil 700 idiomas originarios están en franco proceso de desaparición; 31 al menos en nuestro país, como lo dio a conocer hace unos días el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas.

 

Ante este resquebrajamiento de la “torre de Babel”, es que la Asamblea General de las Naciones Unidas ha promovido el que será el Decenio de las Lenguas Indígenas, siendo México sede de las primeras reuniones para formular propuestas que atiendan esta emergencia mundial.

 

En este contexto, previo a la inauguración de la exposición fotográfica, en el MNA se desarrolló una mesa de diálogo con la participación de una decena de profesionales, entre ellos la experta en educación indígena Alicia Gregorio; la promotora cultural Roselia Vázquez Zárate; integrantes del colectivo Dill Yel Nbán (en pro de la lengua y la cultura zapoteca de la Sierra Norte de Oaxaca); la antropóloga del INAH Verónica Ruiz Lagier, y los fotógrafos independientes Joel Martínez y Carlos Contreras.

 

En la muestra fotográfica, el retrato de doña Teresa Castro ocupa un lugar central. Capturado por Ximena Natera, el semblante ajado de esta anciana del desierto bajacaliforniano, última hablante del ku’ahl (perteneciente a la familia cochimí-yumana), representa la faz más dramática del proceso de desplazamiento lingüístico que las lenguas originarias experimentan en México, por parte del español.

 

La lingüista del INAH, Rosa María Rojas Torres, coordinadora de la exhibición junto con la fotógrafa y etnohistoriadora Alejandra Álvarez, sostiene que la “buena salud” de lenguas como el náhuatl, el mixteco, el zapoteco o el maya, es relativa, si se considera que son las variantes lingüísticas las que se pierden a un ritmo acelerado. Cabe señalar que las 68 lenguas indígenas reconocidas en México, derivan de 11 familias lingüísticas y comprenden 364 variantes.

 

“Si pensamos en una comunidad donde solo los ancianos hablan la lengua indígena, y si esta no se transmite, supone su muerte. Esto ocurre en México con muchos de sus idiomas originarios, donde en sus pueblos una buena parte de los hablantes es mayor de 70 años. Un ejemplo lo tenemos con el ixcateco, una lengua popolocana que en la actualidad se reduce a una decena hablantes, ancianos, que se concentran en Santa María Ixcatlán, Oaxaca.

 

“Las lenguas de la familia cochimí-yumana, de Baja California, también tienen muy pocos hablantes: cucapá, kiliwa, kumiai, paipai, y el ku’ahl, y por ello es el caso más extremo. Pero insisto, solemos pensar que lenguas como el náhuatl, el maya o el mixteco, están lejos de padecer esta problemática, y no es así, porque cada una de estas hablas se compone de diversas variantes, no son monolíticas, de modo que ya existen pocos hablantes del náhuatl en Durango, entonces esa variante está en riesgo.

 

“Cuando vemos que hay niños hablando la lengua sabemos entonces que está vital, a diferencia de donde hay solo adultos mayores y la transmisión hacia los infantes es nula”, explicó la doctora Rosa María Rojas, investigadora de la Dirección de Lingüística del INAH, donde es responsable del proyecto “Estudios gramaticales del zapoteco del Valle”.

 

La ignorancia y la discriminación están detrás de esta pérdida irreparable. Quien no habla una lengua indígena, la desprecia porque desconoce la diversidad cultural que entraña, apunta la especialista; sin embargo, esta ignorancia va de la escala individual a la institucional: jurídica, educativa, de salubridad… “en muchos planos se encuentra esta falta de atención, lo que lleva a las poblaciones a sufrir maltrato por hablar una lengua indígena y a dejar de usarla”, concluyó.

 

De la imagen a la palabra. Los pueblos originarios de México y sus lenguas permanecerá durante un mes en el primer piso del Museo Nacional de Antropología (Reforma y Gandhi, Bosque de Chapultepec).

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