Arqueólogo López  Luján, investigador del Templo Mayor. Foto Mauricio Marat. INAH.

 

*** El director del Proyecto Templo Mayor dictó la conferencia Los mexicas en Tula, Tula en México-Tenochtitlan, en el marco de la exposición Tetzahuítl

 

*** Dio ejemplos de cómo los tenochcas admiraron a sus predecesoras Teotihuacan, Tula y Xochicalco, recurriendo a actividades sustractivas y aditivas, a la reutilización y la imitación


 

 

“El pasado se hace presente todos los días, resignificado y convertido en estilo”, pronunció convencido el arqueólogo Leonardo López Luján, afirmación que se sustenta en el descubrimiento de múltiples reliquias que las antiguas culturas tomaron una y otra vez de sus predecesoras, y Mesoamérica no fue la excepción: los mayas obtenían piezas de sitios olmecas abandonados, al igual que los mexicas lo hicieron en Teotihuacan y Tula.

 

A veces sustraían objetos de esos espacios inhabitados, en otras ocasiones dejaban materiales propios dentro de los edificios que se mantenían en pie, por ejemplo, la Pirámide del Sol. Y ya en sus ciudades, plenas, vivas, como México-Tenochtitlan y su gemela México-Tlatelolco, reutilizaban esos tesoros extraídos, o bien, imitaban sus formas para crear arquitectura, escultura, pintura, cerámica… sumamente evocativa a esas gloriosas urbes, que en el caso de Teotihuacan, creían hechas por gigantes (debido al hallazgo, desde ese entonces, de restos de megafauna en la región).

 

Parece que esta ha sido una constante desde que las civilizaciones son civilizaciones, señaló el investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) al dictar la conferencia Los mexicas en Tula, Tula en México-Tenochtitlan.

 

Lo anterior se puede ver hoy en día en los ejemplos más excelsos de nuestra arquitectura: Las celosías del patio central del Museo Nacional de Antropología que traen a la memoria la fachada del Codz Poop de Kabah; o las alegorías en el Palacio de Bellas del guerrero águila mexica o el dios Cipactli representado en el Templo de la Serpiente Emplumada de Teotihuacan.           

 

Al participar en el ciclo de conferencias alusivo a la exposición temporal Tetzahuítl: Los presagios de la conquista de México, en el Museo del Templo Mayor, el doctor López Luján dio múltiples ejemplos de cómo los tenochcas de los siglos XIV, XV y principios del XVI, admiraron a sus predecesoras Teotihuacan (1-600 d.C.) y Tula (950-1150 d.C.) e, incluso, Xochicalco (650-900 d.C.), recurriendo a actividades sustractivas y aditivas, a la reutilización y la imitación.

 

“Los pueblos mesoamericanos, no solo los mexicas del periodo Posclásico Tardío, estaban muy familiarizados con su entorno arqueológico y crearon muchas explicaciones de quién construyó esas antiguas ciudades. Por ejemplo, sabemos —por fuentes históricas del siglo XVI— que Moctezuma visitaba con asiduidad Teotihuacan para consultar el oráculo”.

 

No por nada, anotó, la casa real de Tenochtitlan se fundó con Acamapichtli, un noble de Colhuacan (hoy Culhuacán, en el suroriente del Valle México), sitio al que migraron los toltecas tras el declive de Tula. Y en esa “conexión” con el origen tolteca radicó la legitimidad del pueblo mexica, el cual devendría en un imperio.

 

El director del Proyecto Templo Mayor expuso que edificaciones importantes del Recinto Sagrado de Tenochtitlan, como la Casa de las Águilas y el Calmécac (la escuela de nobles), tenían un estilo “neotolteca” como han señalado los diversos arqueólogos que han investigado estas estructuras.

 

“De acuerdo a nuestras reconstrucciones, apuntamos a que en la Casa de las Águilas, el cual es un edificio ‘neotolteca’, se realizaban ceremonias de penitencia, así como la velación de los tlatoanis. Por eso, en su interior se encuentran representaciones de los dioses de la muerte, porque era una sala destinada al ritual fúnebre y a la penitencia de los soberanos, antes de su entronización. Ahí es donde se cargaban de ese pasado glorioso tolteca, para asumir el poder.

 

“En cuanto al Calmécac, cuyos restos se hallan bajo el Pasaje Catedral y el Centro Cultural de España, en la calle Guatemala, es posible que su estilo sea también neotolteca porque evoca a Quetzalcóatl, que es el patrón de los nobles”.

 

Al comenzar su charla con el público, el investigador del INAH explicó con sencillas palabras lo que se denomina el binomio Quetzalcóatl-Tollan, el cual es necesario para comprender el porqué de esta vinculación que culturas de los periodos Clásico y Posclásico, como la mexica, mantuvieron con un pasado mítico sustentado en esos dos conceptos.

 

El primero, alude a un ser creador y extractor que en su forma serpentina es capaz de trascender los planos infra y supraterrenos, así como a un ser legendario y un ser humano (gobernante). Por su parte, Tollan, “Lugar de tules”, es una hierofanía, un sitio paradisíaco y mítico.

 

“Todos los gobernantes descienden de esa línea divina que es Quetzalcóatl. Por eso, en las fuentes históricas a veces encontramos referencia a un Quetzalcóatl del siglo VIII, otro del IX o del X. Y el caso de Tollan es análogo”.

 

Por tanto, Quetzalcóatl devino en el título que se daba al gobernante supremo, como es el caso de César para nombrar a los emperadores romanos, y sus derivados en Rusia y Alemania: zar y káiser. Algo similar sucedió con “tollan”, expresión que hacía referencia a ciudad (como asiento de la civilización), por lo que muchas urbes eran llamadas con ese prefijo: Tollan-Teotihuacan, Tollan-Cholollan, etcétera.

 

De ahí que la búsqueda de los estudiosos de la “verdadera Tollan”, un debate que ha trascendido décadas, sea en realidad un “falso problema”, concluyó López Luján.

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