Arqueólogo Júpiter Martínez, investigador del Centro INAH Sonora. Foto: Maria Eden Chanez.

 

*** Durante las más recientes temporadas de campo, se hicieron sondeos y excavaciones al exterior del templo, localizando fragmentos de huesos humanos en el derruido baptisterio

 

*** En la sacristía y el sector noroeste del templo se consolidaron los muros de adobe a fin de proteger los acabados interiores


 

 

Hermosillo, Son.- A finales del siglo XVII, el padre Eusebio Francisco Kino fundó la Misión de Nuestra Señora del Pilar y Santiago de Cocóspera, en los terrenos donde se asentaba el pueblo del jefe tribal pima Cola de Pato, quien entabló amistad con el jesuita y se sumó al proyecto que este tenía para unificar y evangelizar a los pueblos del desierto de Sonora.

Hoy, el templo de adobe y ladrillo que los pimas y los jesuitas construyeron, es atendido e investigado por expertos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), quienes buscan preservarlo y hacer frente a los efectos de antiguos ataques apaches, terremotos, saqueos y otras consecuencias derivadas del abandono y el paso del tiempo.

Como parte de la campaña “Contigo en la Distancia”, de la Secretaría de Cultura, y del ciclo de conferencias “Tardes de Caféinah, 2020”, del Centro INAH Sonora, el arqueólogo Júpiter Martínez expuso en conferencia virtual las más recientes acciones de exploración arqueológica y de conservación arquitectónica realizadas en la ex misión.

En la charla, desde la capital sonorense, el investigador comentó que durante las más recientes temporadas de campo, verificadas en 2019, se hicieron sondeos y excavaciones al exterior del templo, localizando fragmentos de huesos humanos en el derruido baptisterio.

Los restos óseos, dijo, probablemente de individuos inhumados en nichos bajo el piso del área bautismal, se encontraron visiblemente afectados por el saqueo, de allí que los dos únicos huesos recuperados, fueron un fragmento de fémur y un cráneo fracturado; ambos fuera de sus contextos originales.

“El cráneo estaba colocado en una esquina del baptisterio y tenía encima una roca, lo que nos hace suponer que fueron los propios saqueadores quienes, en su frustración, aventaron la piedra y quebraron el cráneo”.

Martínez apuntó que la fragilidad de Cocóspera se debe a que “literalmente fue hecha pedazos por buscadores de tesoros” quienes, bajo la creencia del oro jesuita enterrado bajo de los templos –mito que, dijo, alimentaron en gran medida las acusaciones presupuestales de los franciscanos– la irrumpieron en búsquedas sin sentido y, por obviedad, sin resultados.

“Incluso, debajo de la misión hay un túnel de 14 metros que los gambusinos hicieron para buscar cámaras secretas que no existen”, explicó el arqueólogo al referir que las misiones jesuitas vivían, esencialmente, de la ganadería y agricultura.

Otras áreas trabajadas en 2019, fueron la sacristía y el sector noroeste del templo, en ambos espacios se consolidaron los muros de adobe a fin de proteger los acabados interiores de la edificación, compuestos por altares de ladrillo recubiertos con aplanados de yeso y algunos restos de pintura mural franciscana, cuya orden religiosa reocupó el inmueble a finales del siglo XVIII, cuando los jesuitas fueron expulsados de la Nueva España.

Al contestar algunas de las preguntas planteadas por el público en la reunión virtual, el investigador apuntó, a la cuestión de si la nave principal del templo podría restaurarse totalmente, que tal opción sería inadecuada ya que se estaría contraviniendo los estatutos internacionales de conservación patrimonial.

Abundó que además dicha acción afectaría notoriamente el paisaje del pueblo de Cocóspera, toda vez que, por sí mismas, las ruinas de la ex misión son testimonios de la historia de la evangelización en el septentrión novohispano, de la resistencia indígena y de fenómenos como el terremoto de 1879, que colapsó las dos torres del inmueble.

Aún hoy, concluyó, la ex misión es un sitio de referencia para la población cercana, la cual sigue ocupando el terreno posterior al edificio como cementerio, situación que complica las tareas de investigación arqueológica, ya que bajo las mismas tumbas yace el poblado virreinal de Cocóspera y el muro perimetral que lo delimitaba.

“Hemos localizado muros de adobe, accesos, tejas y otras evidencias del pueblo que está enterrado debajo del cementerio. Hay que recordar que alrededor de las misiones se establecían poblaciones enteras; en Cocóspera, sabemos, había pimas, yaquis, apaches, españoles, franceses, migrantes y toda clase de individuos”, finalizó.

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