“Desde la historia, desgranan los antagonismos que se dan cita en el Día de la Raza

 

 

*** Los investigadores del INAH, César Enrique Valdez Chávez y Haydeé López Hernández, revisaron cómo los ideólogos de la Posrevolución convirtieron esta y otras efemérides en motivo de disputa cultural y política

 

*** Enfatizaron que las décadas 1920 y 1930, fueron de construcción de estos referentes y del significado que adquirirían para las futuras generaciones de mexicanos

 

 

 

 

 

Antes sujeto de iconografías festivas, el Día de la Raza despierta hoy controversias y posiciones encontradas. Para comprender esta tendencia, los investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), César Enrique Valdez Chávez y Haydeé López Hernández, realizaron una lectura histórica para comprender cómo se construyó una idea de la hispanidad y de lo indígena, que derivaron en fuerzas antagónicas.

 

            En un conversatorio virtual, organizado por la Dirección de Estudios Históricos (DEH) del INAH, se precisó que la institucionalización del 12 de octubre para conmemorar el descubrimiento de América, no va más allá del siglo. En España se oficializó en 1918, en Argentina un poco antes y, aunque en México ya se celebraba desde 1917, fue hasta 1928, con una propuesta de José Vasconcelos, que se formalizó la efeméride.

 

            Para la historiadora Haydeé López Hernández, este contexto revela que no existió un proyecto unificado, impositivo, para dar preferencia a esta fecha en los países que integran Hispanoamérica, ya que ha formado parte de una disputa histórica y simbólica. En ese sentido, en la transmisión realizada por el canal de INAH TV en YouTube, el subdirector de Historia Contemporánea de la DEH, César Enrique Valdez sostuvo que los componentes de lo indígena y de la hispanidad, son los que van a generar una de las grandes contradicciones de la construcción nacional, moldeada durante la Posrevolución.

 

“Los ideólogos de la construcción de esta ‘nacionalidad mexicana’, es decir, los grupos político-educacionales de la Posrevolución, comenzaron a absorber estas fechas provenientes del catolicismo, el 12 de octubre y días como los dedicados a los difuntos (1 y 2 de noviembre), los cuales se convertirían en motivo de disputa cultural e, incluso, política, en torno a cómo, quiénes y de qué manera tendrían que festejarse”, expresó.

 

            En la actividad, enmarcada en la campaña “Contigo en la distancia”, de la Secretaría de Cultura, dijo que debe considerarse que para las fuerzas reaccionarias de este periodo, las décadas de 1920 y 1930, Cristóbal Colón, el navegante genovés auspiciado por los reyes católicos de España, fungía como una alegoría de la luz que trajo a América, la fe verdadera: “En su figura, aterrizaba la idea de la Santísima Trinidad conduciendo —a través del océano— a la civilización católica, hasta una tierra prometida”.

 

            Recordó que en los albores del siglo XX, se instaló en México la organización Caballeros de Colón, la cual surgió en la ciudad estadounidense de New Haven, en Connecticut, y cuyo principal objetivo era unificar a los católicos en una nación mayoritariamente protestante. Ya en nuestro país, tomarían al personaje de Colón como ícono de esa búsqueda de un “espíritu hispanista-católico”, siendo la portada de su revista: Columbus. El descubridor, devino en una figura equiparable a los emperadores de México, Agustín de Iturbide y Maximiliano de Habsburgo.

 

            En determinado momento, “el grupo sonorense de la Revolución (al que pertenecían Adolfo de Huerta, Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles) identificaría al 12 de octubre como una fecha profundamente conservadora. Si pensamos en esta contraposición con lo que ellos llamaban las ‘fuerzas reaccionarias’, puede comprenderse la barrera que se irá levantando alrededor de esta conmemoración”.

 

La investigadora de la DEH, Haydeé López Hernández, acotó que a finales del siglo XIX, y una vez que había perdido casi todas sus colonias americanas, España creó un proyecto de unificación al interior de su frontera, en un intento de colocarse frente a la cultura anglosajona. En este marco, se dieron los festejos del IV Centenario del Descubrimiento de América, en 1892, al que se sumó el gobierno mexicano, encabezado por Porfirio Díaz. La delegación mexicana enviada a España, y liderada por Vicente Riva Palacio, fue la más numerosa de las naciones hispanoamericanas.

 

Pese a todo, incluida la inauguración del Monumento a Cristóbal Colón en ese mismo año, la historiadora hizo hincapié en que la figura del navegante español está ausente en las dos obras históricas que van a marcar el fin del siglo XIX y los inicios del XX: México a través de los siglos y México, su evolución social; y será hasta 1910-1913, que se le mencione como descubridor de América en algunos libros de texto.

 

Ambos especialistas coincidieron en que durante los gobiernos posrevolucionarios, también comenzó a formularse una idea sobre “lo indígena”. La también autora del libro En busca del alma nacional. La arqueología y la construcción del origen de la historia nacional en México, refirió que en las últimas décadas del siglo XIX, existía un cierto equilibrio en la enseñanza y la divulgación, entre el virreinato y lo prehispánico, y un tratamiento diferente a lo indígena.

 

“Lo que va a hacer la Revolución es fusionar lo indígena y lo prehispánico, en un solo sujeto ajeno a la historia. Ahora nos parece común escuchar que los herederos de ese México prehispánico, son las poblaciones indígenas, olvidándonos, entre ello, de 500 años”.

 

            “Los gobiernos de la Posrevolución van a crear un fuerte acento en el estudio, pero sobre todo en la generación de políticas públicas: sanitarias, educativas, económicas, que atiendan los que se consideran problemas específicos de la población indígena. A esto obedeció el proyecto de Manuel Gamio en el Valle de Teotihuacán, el cual quedó inconcluso en 1925; pero después se crearán proyectos y entidades definidos para atender a la población indígena como distinta al resto”.

 

Finalmente, César Enrique Valdez refirió que “por último, debemos entender que las primeras décadas posteriores a la conclusión del movimiento armado, fueron de construcción de todos estos referentes e ideas, y de una disputa sobre el significado que tendrían todas estas fechas, incluido el 12 de octubre, para las futuras generaciones de mexicanos”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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