Con escalpelo en mano, el equipo de restauradores que atiende la Escultura Ecuestre de Carlos IV ha ido eliminando con paciencia un recubrimiento negro. Foto: Héctor Montaño, INAH.

 

 

 

*** El maestro valenciano Manuel Tolsá aplicó una capa pictórica verde sobre la escultura para matizar su volumetría y velar algunos parches
 

*** Especialistas se ocupan de conocer y restituir la integridad del monumento, desde la figura ecuestre de bronce hasta la estructura y el recubrimiento pétreo de su pedestal

 


Con escalpelo en mano, el equipo de restauradores que atiende la Escultura Ecuestre de Carlos IV ha ido eliminando con paciencia un recubrimiento negro que revestía al jinete real y a su montura, y debajo ha ido encontrando los rastros de una capa pictórica verde con la que su escultor, el maestro valenciano Manuel Tolsá, matizó su volumetría y veló algunos parches que se observan en el percherón.

“Hemos retirado de forma paulatina velos de cera y de la capa negra que se aplicó para proteger la escultura hacia finales del siglo XIX, y que dio a ‘El Caballito’ el tono negruzco con que lo conocimos a lo largo del siglo XX”, informó la restauradora Jannen Contreras Vargas, coordinadora del proyecto de intervención a cargo del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), tras destacar que el registro de la capa pictórica de origen usada por Tolsá, es un dato clave para definir los tonos de los recubrimientos que se usarán para la integración cromática de la obra restaurada.

Diversos especialistas se aplican en un cuidadoso proyecto de intervención para los tres elementos del monumento: el núcleo del basamento, el recubrimiento pétreo del pedestal y la escultura de bronce.

Encaramados en andamios, se observa a cinco restauradores limpiar de forma simultánea la obra escultórica. Aplican un gel especial que después de unos minutos les permite retirar con escalpelo la capa negra que yace en pliegues y ranuras. Jannen Contreras señala áreas en el solomillo de “Tambor” (el percherón del Marqués de Jaral de Berrio que sirvió de modelo equino) donde se distinguen vestigios de la pintura verde empleada por Tolsá y también ornamentos de la montura que habían quedado ocultos bajo ese recubrimiento.

“La limpieza de la escultura nos ha llevado buena parte de la agenda, es como limpiar una pintura de caballete pero sobre una superficie escultórica que, si la desplegáramos, alcanzaría 46.5 metros cuadrados”, refiere la especialista de la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía (ENCRyM) del INAH, para dar cuenta de esta paciente y ardua labor.

Cuando en 2013 una intervención inadecuada provocó que se vertiera ácido nítrico sobre el monumento, éste ocasionó la pérdida de 45 por ciento de la capa escultórica. El porcentaje restante tenía aún el recubrimiento negro, del cual se ha retirado más de tres cuartas partes, quedando sobre todo en las zonas de recovecos, donde la tarea se complica.

Una vez que finalice la limpieza de capa pictórica seguirá la limpieza y estabilización de las áreas afectadas en 2013, una medición colorimétrica para ubicar la gama original y generar un color base que pueda considerarse para los recubrimientos que serán aplicados como último proceso.

En tanto concluyen los análisis en el Instituto de Química de la UNAM que permitirán definir con exactitud la técnica pictórica empleada por Manuel Tolsá sobre “El Caballito”, Jannen Contreras adelanta que en la aplicación de recubrimientos deberá emplearse polímero compatible resistente al intemperismo, considerando además que la atmósfera de la Ciudad de México del siglo XXI dista mucho de la de hace 213 años, cuando se creó la escultura.

Así como los restauradores se abocan a la limpieza a más de cuatro metros de altura, también a un par de metros bajo tierra se han abierto tres calas estratigráficas para identificar el tipo de cimentación y conocer sus características como apoyo del núcleo de concreto del pedestal. La arquitecta Mariana López Mendoza, encargada de esta labor, indica que es imprescindible realizar estos sondeos ante la ausencia de informes sobre la cimentación hecha en 1979, para el traslado del monumento de Bucareli a la Plaza Tolsá.

“El Instituto de Ingeniería de la UNAM destacó en un informe preliminar que el núcleo del basamento se encuentra estructuralmente estable, no obstante, consideramos que es el momento para obtener detalles de lo que no hay registro, incluidos los materiales, como las dimensiones de las varillas hasta el diseño del armado y la profundidad de la cimentación”, puntualizó la experta de la Coordinación Nacional de Monumentos Históricos del INAH.

Las calas han permitido tener una idea de la geometría del cajón de cimentación, donde en fecha próxima se hará la extracción de un “corazón de concreto”, para conocer el espesor de los muros perimetrales del cimiento, el tipo de concreto y los esfuerzos a los que está sometido, además de su estado de conservación. Con base en los datos obtenidos, junto con el Instituto de Ingeniería de la UNAM se emitirá una opinión técnica sobre las condiciones estructurales reales del monumento.

Respecto al pedestal de la Escultura Ecuestre de Carlos IV, el restaurador Juan Manuel Rocha Reyes hace alusión brevemente a su historia. El pedestal actual data de 1979, siendo responsable de su construcción el maestro Sergio Zaldívar, quien respetó el estilo del basamento anterior diseñado por Lorenzo de la Hidalga a mediados del siglo XIX y del que sólo sobreviven las placas de mármol que lo flanquean (ahora protegidas con un velado de papel japonés) y quizá algunos sillares de piedra de las primeras líneas del dado.

El especialista de la CNCPC hace hincapié en que la unidad visual del pedestal ha sido afectada no sólo por el escurrimiento de ácido nítrico, también presenta suciedad, manchas por disolución de fierro, e incluso grafitis, de modo que además de tratamientos de limpieza de suciedad y de productos de corrosión, será necesario sustituir algunos sillares, poco menos de 20 de un total que rebasa los 200.

“Algunas manchas provienen de una problemática de filtración de agua, pues entre los elementos que conforman el sistema constructivo, el núcleo de concreto armado y el recubrimiento de piedra hay una separación de aproximadamente 10 centímetros, en ese espacio fue acumulándose agua y mortero disgregado, dando paso a filtraciones”, describe Juan Manuel Rocha, quien apunta que se ha retirado la variedad de morteros usados en las juntas para aplicar una mezcla a base de cal.

“En el tratamiento de la piedra no se busca una homogeneidad sino una regularidad de la superficie pétrea. Lo importante es que no haya un elemento disonante y distractor del resto, por ejemplo, una mancha profunda. En ese sentido, ha sido difícil disminuir algunas manchas, en parte porque la piedra del pedestal corresponde a una andesita muy porosa, de modo que se valora colocar una capa de sacrificio o protección en algunos casos”.

Los trabajos de intervención en “El Caballito” se realizan con recursos otorgados por el Fideicomiso Centro Histórico de la Ciudad de México, y consideran criterios de conservación como la mínima intervención necesaria, el respeto a los materiales constitutivos, la compatibilidad de los materiales empleados con los originales, la retratabilidad de materiales y de procesos, así como la identificación clara de la intervención a realizar.

De esta manera, se espera que en unos cuantos meses “El Caballito” vuelva a lucir en todo su esplendor para el disfrute de los vecinos y visitantes de nuestra gran capital.

 

 

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