Consuelo Maquívar. Ilustración Natalia Colmar.

Por: Boris Berenzon Gorn

1. El arte virreinal como sistema de pensamiento

 

Uno de los núcleos más sólidos en la obra de María del Consuelo Maquívar es la idea de que el arte novohispano no debe entenderse como una colección de objetos bellos ni como una simple manifestación estilística del barroco, sino como un sistema de pensamiento visual.

 

En esta lectura, la imagen religiosa no “ilustra” una doctrina, la construye. Cada retablo, escultura o pintura organiza un conjunto de ideas teológicas, políticas y pedagógicas que buscan ordenar la experiencia del mundo colonial.

 

El barroco, en su análisis, no es exceso ornamental sino estructura intelectual compleja, donde la forma es inseparable del contenido. Esta perspectiva desplaza la historia del arte de lo descriptivo hacia lo interpretativo; lo importante no es solo qué se ve, sino cómo se produce el sentido de lo visible.

 

Para Maquívar, el arte novohispano debe entenderse como un sistema de pensamiento visual, más allá de lo estético. Foto: Gerardo Peña, INAH.

 

2. El retablo como arquitectura del conocimiento

 

Un segundo eje fundamental es el estudio del retablo barroco, especialmente en conjuntos como el del Templo de San Francisco Javier en Tepotzotlán, Estado de México.

 

Para Maquívar, el retablo no es un objeto decorativo sino una máquina visual de organización del conocimiento religioso. Su estructura jerárquica —niveles, nichos, ejes narrativos— no responde únicamente a criterios estéticos sino a una lógica teológica cuidadosamente construida.

 

En este sentido, el retablo funciona como un dispositivo pedagógico para la evangelización, una representación jerárquica del orden celestial y una síntesis visual de la doctrina cristiana en el mundo novohispano.

 

La lectura que propone Maquívar exige entender el retablo como un texto visual, donde la mirada del espectador es guiada de manera intencional.

 

3. El imaginero novohispano y el taller como espacio cultural

 

Otro de sus aportes centrales es la revalorización del imaginero novohispano y del taller de producción artística.

 

Lejos de concebir al artista como un creador aislado, Maquívar lo sitúa dentro de una red de relaciones complejas: órdenes religiosas, mecenas, sistemas gremiales y tradiciones técnicas.

 

El taller es entendido como un espacio de mediación cultural, donde confluyen técnicas heredadas de Europa, reinterpretaciones locales, demandas doctrinales de la Iglesia y procesos de adaptación cultural en la Nueva España.

 

De esta forma, la obra artística deja de ser individual para convertirse en resultado de una producción colectiva profundamente histórica.

 

4. Iconografía y lectura simbólica de la imagen

 

Un eje metodológico clave en su trabajo es el análisis iconográfico. Maquívar insiste en que cada elemento visual en el arte religioso —posturas, atributos, colores, composiciones— posee un valor simbólico específico dentro de un sistema codificado.

 

La imagen barroca, desde esta perspectiva, no es libre ni arbitraria, sino responde a un lenguaje visual altamente estructurado, que articula narrativas religiosas complejas.

 

El trabajo del historiador del arte consiste entonces en reconstruir ese lenguaje, descifrando sus reglas internas y su contexto cultural.

 

5. El INAH como espacio de interpretación del patrimonio

 

El papel de Maquívar dentro del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) es central para comprender su pensamiento.

 

En esta institución, su labor no se limita a la investigación individual sino que se inserta en un proyecto más amplio: la construcción de una historia del arte como campo público de conocimiento. Desde el INAH, su trabajo contribuye a tres procesos fundamentales:

 

a) Conservación con sentido histórico

La conservación del patrimonio no se entiende como preservación neutral, sino como la garantía de su legibilidad histórica.

 

b) Investigación especializada

El estudio del arte virreinal se fortalece como disciplina rigurosa, con énfasis en fuentes documentales, análisis material e interpretación simbólica.

 

c) Difusión del conocimiento

El patrimonio se concibe como un bien cultural cuya comprensión debe ser accesible, sin perder complejidad académica.

 

La historiadora e investigadora emérita del INAH fue homenajeada este 2026 dentro de la 37 FILAH. Foto: Gerardo Peña, INAH.

 

6. La historia del arte como interpretación del mundo

 

El trasfondo teórico de su obra puede resumirse en una idea, que el arte no es reflejo de la historia sino una forma de producirla.

 

Esto implica que las imágenes no son testimonios pasivos del pasado sino actores activos en la construcción de la cultura colonial. En ellas se articulan poder, religión, pedagogía y sensibilidad estética.

 

Así, la historia del arte deja de ser un catálogo de estilos para convertirse en una forma de comprender cómo una sociedad piensa, ordena y representa su mundo.

 

7. Formación y transmisión del conocimiento

 

Finalmente, un aspecto esencial de su trayectoria es su labor formativa dentro del INAH.

 

Su influencia no se limita a la producción de textos académicos, sino que se extiende a la formación de generaciones de historiadores del arte, restauradores e investigadores. En este plano, su trabajo adquiere una dimensión menos visible pero decisiva, la construcción de una tradición de lectura crítica del patrimonio, basada en la observación rigurosa, el análisis contextual y la interpretación simbólica.

 

La obra de María del Consuelo Maquívar se sostiene sobre una idea consistente: el arte virreinal mexicano no es un vestigio del pasado sino un sistema complejo de pensamiento que sigue exigiendo interpretación.

 

En el centro de esta trayectoria se encuentra su labor en el INAH, institución desde la cual ha contribuido a redefinir la historia del arte como un campo donde la imagen, la historia y la cultura se piensan de manera inseparable.

 

Ideario de María del Consuelo Maquívar

 

1. El arte como pensamiento histórico

 

El arte no es un ornamento del pasado ni una expresión puramente estética. Es una forma de pensamiento histórico que organiza ideas, creencias y estructuras sociales en lenguaje visual. En el caso del arte virreinal, la imagen no acompaña la historia: la produce, la ordena y la transmite.

 

2. La imagen como sistema de significados

 

Toda obra artística forma parte de un sistema simbólico complejo. Ningún elemento visual es neutral: colores, formas, gestos y composiciones responden a códigos culturales precisos. Comprender una obra implica reconstruir ese sistema de significación en su contexto histórico original.

 

3. El barroco como estructura intelectual

 

El barroco novohispano no es exceso ni decoración, sino una forma altamente organizada de pensamiento visual. Su complejidad responde a una lógica donde la estética, la teología y la pedagogía religiosa se articulan en un mismo lenguaje.

 

4. El retablo como forma de conocimiento

 

El retablo es una estructura narrativa y doctrinal. No representa simplemente escenas religiosas. Organiza jerárquicamente el conocimiento espiritual y guía la lectura del creyente. Es, al mismo tiempo, arquitectura, discurso y pedagogía visual.

 

5. El taller como espacio de producción cultural

 

La obra artística no surge del individuo aislado, sino de un entorno colectivo. El taller novohispano es un espacio donde convergen técnicas europeas, tradiciones locales, órdenes religiosas y sistemas de producción simbólica. El arte es siempre resultado de una red cultural.

 

6. La historia del arte como interpretación, no descripción

 

El trabajo del historiador del arte no consiste en enumerar objetos, sino en interpretarlos. La historia del arte es una disciplina crítica que busca comprender cómo una sociedad construye sentido a través de sus imágenes.

 

7. El patrimonio como responsabilidad intelectual

 

Conservar una obra no es únicamente preservarla materialmente. Es garantizar su posibilidad de ser comprendida históricamente. El patrimonio exige investigación, contexto e interpretación constante.

 

8. El INAH como espacio de conocimiento vivo

 

El INAH no es solo una institución de conservación, sino un espacio de producción de conocimiento. En él, la investigación, la docencia y la preservación del patrimonio forman un mismo campo de trabajo intelectual.

 

9. La mirada como método

 

Ver una obra no es un acto inmediato. Es un proceso de lectura. La mirada crítica debe aprender a descifrar capas de significado, relaciones internas y contextos históricos que no son evidentes a primera vista.

 

10. El arte como memoria estructurada

 

Las obras no solo representan el pasado, lo organizan. El arte funciona como una forma de memoria estructurada que selecciona, jerarquiza y transmite aquello que una cultura considera significativo. El ideario de María del Consuelo Maquívar se articula en una idea central: el arte virreinal es un sistema de pensamiento visual que exige una interpretación rigurosa.

 

Desde su labor en el INAH, su trabajo ha contribuido a consolidar una forma de entender el patrimonio no como objeto estático, sino como campo vivo de conocimiento histórico.

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