Ullamaliztli: Una historia de ida y vuelta
Con una antigüedad de aproximadamente 3,500 años, el juego de pelota fue practicado por varias culturas mesoamericanas. Las crónicas señalan que Moctezuma mostró este juego a Hernán Cortés, quien quedó impresionado por la destreza de los jugadores, así como las propiedades de la pelota de hule, material desconocido hasta entonces en el viejo continente.
El interés que despertó en los europeos motivó al conquistador a llevar a un grupo de jugadores, con sus respectivos equipamientos, a la península ibérica para presentar el juego ante el rey Carlos V. Estas exhibiciones causaron un gran furor entre los espectadores y se convirtieron en uno de los primeros grandes encuentros entre ambas culturas.
Sin embargo, durante el periodo de la conquista, el juego de pelota se consideró como una práctica asociada a creencias contrarias a la religión que se buscaba afianzar entre los pueblos originarios. Debido a su estrecha relación con la cosmovisión y prácticas rituales de los habitantes, su ejecución fue progresivamente restringida y penada hasta casi desaparecer con el paso del tiempo.
Actualmente, el ulama sobrevive como una práctica viva que se arraigó principalmente en comunidades de Sinaloa, donde han sobrevivido sus modalidades de cadera, antebrazo y mazo, siendo la primera la más difundida en el país, gracias al trabajo conjunto de familias y comunidades, formalizándose como un deporte ritual nacional que busca su continuidad y reconocimiento.
Esta imagen fue tomada en una muestra de ulama de cadera que se llevó a cabo el pasado 21 de junio, en la Zona Arqueológica de Cuicuilco, a cargo del Equipo Universitario de Ulama de Cadera Texocelotzin UNAM, para recordarnos que aquí se desarrolló una de las tradiciones deportivas más antiguas del planeta, que se difunde y se preserva como una celebración de nuestro patrimonio.