Xochicalco: el juego de pelota como eje del universo
Aunque implicaba competencia, destreza física y entretenimiento, el Juego de Pelota mesoamericano trasciende la noción de deporte antiguo. La cancha no era solamente una estructura arquitectónica, sino un escenario ceremonial donde convergían simbólicamente representaciones del movimiento cíclico de los astros y de la vida.
En Xochicalco, ciudad clave del Epiclásico (700-900), esta dimensión ritual resalta al recorrer la zona arqueológica. Sus tres canchas fueron cuidadosamente integradas al paisaje sagrado, al espacio ceremonial y la observación astronómica. Este complejo fortificado y edificado sobre un cerro de roca sedimentaria, destacado por sus complejos sistemas constructivos y su notable conocimiento astronómico, lo que se ve reflejado en la ubicación de sus canchas de Juego de Pelota, ubicadas al norte, sur y oriente de la ciudad, respectivamente.
Ubicada en el lado sur del complejo, la cancha que se aprecia en esta fotografía cuenta con dimensiones de 70 metros de largo por 35 metros de ancho, y sobresale por contar con dos aros lisos empotrados en sus estructuras laterales.
Indudablemente, el juego de pelota en Xochicalco fue un espacio de encuentro social, escenarios rituales y representación del cosmos, cuyos vestigios dan cuenta de una sociedad avanzada, con vínculos profundos con otras regiones de Mesoamérica, así como con su entorno espacio-temporal.