12 lábaros fueron usados por el Ejército Insurgente durante los 10 años.

Al menos una docena de banderas fueron usadas por el Ejército Insurgente durante los diez años del movimiento armado por la Independencia de México, tiempo durante el cual cada lábaro dio cuenta del desarrollo, las victorias y derrotas que tuvo la causa independentista.

Lo anterior fue referido por el investigador Moisés Guzmán Pérez, al dictar la ponencia Las Banderas de la Independencia, en el Museo Nacional de Historia “Castillo de Chapultepec”, como parte del programa Al alba de los Centenarios, que organiza el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta).

“Durante el movimiento armado, el portar una bandera era esencial porque en ella se sintetizaba la causa y alentaba que el pueblo se sumara”, explicó el especialista de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, al subrayar que antes de la Guerra de Independencia los lábaros representaban al rey y no a un país.

“En aquella época también existían estandartes con los que se hacían procesiones por las calles, y que a través de símbolos religiosos mostraban lo que se entendía por nación: la pertenencia a un grupo étnico”.

En su conferencia donde detalló el proceso de conformación del símbolo de la bandera nacional, Guzmán Pérez destacó que en la docena de banderas usadas durante la Guerra de Independencia —que se han encontrado físicamente— están plasmados los valores  imaginarios y creencias de la sociedad que apoyó y se sumó a la causa.

“Los grupos que encabezaron el movimiento estaban definidos en función de determinados objetivos que tenían un sustento ideológico y, con base en ello, éstos definían los colores, emblemas y símbolos que debían portar sus banderas.

“Por ejemplo, la primera bandera o estandarte que encabezó en 1810 el Inicio de la Lucha de Independencia fue la imagen de la Virgen de Guadalupe, y con ello se buscó decirle al pueblo que la Virgen apoyaba el movimiento”, abundó el investigador.

“La bandera es fundamentalmente un símbolo de identidad, es decir, en ella están sintetizados principios, objetivos, doctrina, motivos y expresiones de lo que nuestro pueblo desea”.

A los pocos meses, continuó, las banderas que portaron los insurgentes fueron en su mayoría albiazules, y representaban a la religión católica, el honor y la virtud, y en el centro a manera de escudo tenían la imagen de la Virgen de Guadalupe y el águila real, pero sin la serpiente.

Dos años después, las banderas adoptaron símbolos americanos como flechas y arcos, y dejó de aparecer la Virgen.

Moisés Guzmán explicó que las insignias a veces eran bordas y otras tantas pintadas, “y eran los teólogos o clérigos, así como los abogados, los que las diseñaban y explicaban su simbolismo”.

“Contar con una bandera durante la guerra fue fundamental porque ésta representaba una nueva identidad, motivo de lucha y símbolo de unión, al mismo tiempo que servía para distinguirse de sus adversarios”.

Fue el Ejército Trigarante, encabezado por Agustín de Iturbide, en 1821, quien usó por primera vez los colores blanco, verde y rojo, para representar a la Iglesia, la Independencia y la unión, respectivamente.

El investigador añadió que en 1823 el Congreso Constituyente decretó las características de nuestra bandera actual. “No se sabe quién la diseñó, pero se conoce que fue el grabador mexicano, Francisco Guerrero, a quien se le encargó hacer el escudo nacional”.

“En este precepto no se especificó ni quién ni dónde se debía manufacturar la bandera, pero es muy probable que correspondiera al Ejército, porque era éste quien solamente podía hacer uso de la bandera, no como ahora que cada quien puede tener una en su casa”, concluyó el historiador.
 

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