*** En este encuentro armado de 1519, en lo que hoy se conoce como Tabasco, se manifestarían todos los factores de la dominación española

 

*** Se trató del primer encuentro de carácter militar, ordenado y formal, entre los españoles y los mesoamericanos

 

La Batalla de Centla, acontecida en 1519 en lo que hoy es Frontera, Tabasco, es el primer capítulo formal de la Conquista, debido a que en este enfrentamiento armado se dieron, de manera incipiente, los primeros efectos del encuentro entre Occidente y Mesoamérica, destacó Luis Barjau, investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

Durante la conferencia La Batalla de Centla, impartida en el Museo Nacional de Historia, Castillo de Chapultepec, el titular de la Dirección de Estudios Históricos (DEH) del Instituto aseguró que en ese combate se manifestarían, de modo apremiante y embrionario, todos los factores de la dominación española.

En esta charla de la 5ª Cátedra General Felipe Ángeles del Seminario de Fuerzas Armadas (SEHFA), el etnólogo afirmó que se trató del primer encuentro de carácter militar, ordenado y formal, entre los españoles y los habitantes de Mesoamérica, aunque dos años antes (1517) las huestes de Francisco Hernández de Córdoba se habían enfrentado en Potonchán (hoy Campeche) a grupos mayenses mesoamericanos, encabezados por el cacique de aquel sitio.

“Después de llegar a Cabo Catoche, Hernández de Córdoba arribó a Potonchán con 150 hombres a bordo de tres naves, dos de gran calado y un bergantín. Ahí se dio el primer encuentro bélico de Mesoamérica: una escaramuza, un primer encuentro menor, si se compara con el de Centla, con un saldo de 25 españoles heridos y otro tanto de indígenas muertos”, relató Barjau.

El 12 de marzo 1519, ante el asombro de los chontales de Centla, aparecieron los 11 barcos de Cortés y sus 750 hombres en la desembocadura de los dos grandes ríos del Sureste: el Grijalva o Mezcalapa y el Usumacinta. El pasmo indígena se debía al número de naves y hombres.

Cortés llegó con sus bergantines hasta la punta este de la desembocadura de El Palmar, donde hombres armados que iban en cayucos o tahacup los interceptaron y les cuestionaron el motivo del desembarco, ante lo cual el conquistador español expuso su demanda de agua y comida, relató Barjau.

Mientras los mayas-chontales consultaban a la clase alta para saber si atenderían las exigencias de los extranjeros, esa noche Hernán Cortés hizo desembarcar con sigilo a cerca de 150 soldados; en tanto, los mayas resolvieron llevar al día siguiente algo de comida: tortillas y pescado seco.

En el encuentro, Cortés mostró su inconformidad por no recibir agua. Los nativos le recomendaron que tomaran del río; los ibéricos insistieron y aprovecharon para exponer otras causas de su visita: la oferta de protección o de tutoría del rey español, entre otras.

Tras la negativa y la precariedad de las traducciones con los mayas-chontales, el conquistador envió a Alonso de Ávila con un escuadrón a rodear el pueblo a la espera de la señal de ataque. Mientras, él y 80 soldados se dirigieron hacia Centla en pequeñas barcas artilladas.

“Es importante recordar que Centla estaba fortificada. Desde que sus habitantes supieron de la escaramuza de Hernández de Córdoba en Potonchán, cercaron con postes de madera todo el pueblo; además, los indios habían sacado del poblado a sus mujeres e hijos, y se alistaron para la llegada de Cortés”, explicó el director de la DEH.

De acuerdo con las fuentes históricas, al ver que los españoles no se retiraban, los mayas-chontales dispararon sus flechas. Según las crónicas de la época, Cortés llamó a la paz sin éxito, por lo que accionó sus armas de fuego; a la par, Alonso de Ávila acometió a Centla por su parte posterior. Así, el conquistador pudo entrar libremente al pueblo.

El etnohistoriador refirió que los hispanos, bajo una lluvia tupida de flechas, lanzas y pedradas, desportillaron un punto de la muralla y comenzaron a entrar al fragor de la batalla; los indios peleaban con valentía y tenían como objetivo matar al “calanchioni” (al Halach-huinic, a Cortés).

“Tras la acometida y la huida de los centlecos, Cortés desenvainó su espada y dio unos espadazos a una ceiba, árbol sagrado de los mayas, manifestación que, como muchas otras, habría de permanecer como símbolo y protocolo del triunfo de los españoles en América”, indicó.

Durante la batalla, escuadrones de mayas continuaron asediando a Cortés y su gente, fueron grupos de nativos que las fuentes históricas calcularon entre 12 o 40 mil, que avanzaban cercando al enemigo.

El número de mayas-chontales que combatieron en Centla es controversial porque los documentos históricos destacan cifras distintas. Cortés habla de 550 españoles en sus cartas; Francisco López de Gómara refiere que eran 350, mientras que Bernal Díaz del Castillo, sobre los muertos indígenas después de la batalla, recuenta mil 500.

“¿Por qué hay esta diferencia tan grande en la consideración de las cifras? A partir de la guerra en Tenochtitlan, se difundió la leyenda de que un puñado de españoles venció a un imperio; ese equívoco o propaganda tiene mucho que ver con la variabilidad que tienen las fuentes sobre el número de participantes de uno y otro bando”, dijo Barjau.

El historiador concluyó afirmando que esta guerra fue necesariamente arquetípica, porque se trató del primer encuentro militar formal entre España y Mesoamérica, donde se asentaron los patrones, los arquetipos de las relaciones coloniales que necesariamente fungirían entre la Corona española y México.

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Gabriel Ulises Leyva Rendon

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