Menú Acordeón INAH Completo

 
Publicaciones recientes
 

BOLETINES

Compártelo

Clasificación y análisis de botellas Foto: Kenia Chávez Cruz, INAH.

• En el Museo de la Cultura Maya, en Chetumal, opera el Laboratorio de Análisis de Material Histórico y Misceláneo del Tren Maya

• Tras casi dos años de la labor en miles de elementos, inició el análisis de los mismos, encontrando datos inéditos

Boletín 75


Para la arqueología ningún vestigio es irrelevante, porque su valor radica en la información contextual que proporciona. Hacer hablar a los restos más diversos es la tarea del Laboratorio de Análisis de Material Histórico y Misceláneo del Tren Maya, donde se resguardan, identifican, clasifican y estudian miles de elementos recuperados en la construcción de la línea ferroviaria.

 

En el laboratorio del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), instalado en el Museo de la Cultura Maya, en Chetumal, Quintana Roo, se examinan desde estucos de época prehispánica y utensilios domésticos del periodo virreinal, hasta botellas y aislantes de telégrafo de vidrio del siglo XIX, así como municiones, armas de fuego y juguetes de la centuria pasada. 

 

Tras casi dos años, un equipo, integrado por la restauradora Kenia Monserrat Chávez Cruz y los arqueólogos analistas Itzel Paola Hernández Hernández, Glenda Natalia Dena Muro y Tadeo Martínez Nepomuceno, ha realizado un trabajo titánico al revisar cada una de las bolsas de materiales recolectadas de los siete tramos del Tren Maya, registrar cada elemento completo o fragmentado, e inventariarlos. 

 

Seguido de esa primera fase, se centraron en su clasificación, a partir de información que considera el tipo de objeto, su materialidad y temporalidad. 

 

Hoy en día, se encuentran en la etapa de análisis para identificar materiales constitutivos, técnicas de construcción, casas productoras y características específicas, aspectos que ayudan a trazar rutas comerciales, conocer contextos sociopolíticos, económicos y culturales de la región en épocas distintas.

 

A partir de un par de frascos de color ámbar, la coordinadora del laboratorio, Monserrat Chávez, brinda un ejemplo ilustrativo de cómo una pieza puede contribuir a entender una situación social pasada. 

 

Ambos recipientes se recuperaron en el Tramo 6 del Tren Maya, en un sitio cercano a Felipe Carrillo Puerto. En el anverso tienen la marca C.H. Wintersmith. LOUISVILLE. K.Y. U.S.A., lo que permitió identificar al fabricante de medicamentos con sede en esa población de Kentucky, el cual fue conocido por su tónico antipalúdico, basado en la quinina.

 

Su popularidad, entre finales del siglo XIX e inicios del XX, coincide con el periodo en que Quintana Roo fue un foco infeccioso de la malaria en la península de Yucatán, puesto que las condiciones pantanosas y tropicales facilitaban la reproducción del mosquito Aedes aegypti (en 1881, Carlos Finlay descubrió que este era el vector). 

 

La llamada fiebre amarilla, en referencia a la ictericia que afecta a algunos pacientes, causó altas tasas de mortalidad en la región, debido a que su propagación se vio facilitada por las condiciones insalubres de la población y los movimientos de tropas que, independientemente del bando, supuso la Guerra de Castas. 

 

Chávez Cruz también refiere a monedas de distinta denominación, que hablan de la evolución de la numismática mexicana. Salvo una moneda de un centavo, acuñada en 1894, durante el porfiriato, el resto de las inventariadas en el laboratorio pertenecen al siglo XX, siendo emitidas entre 1920 y 1990. 

 

La especialista en restauración de metales indica que, desde la época virreinal, se arraigó el uso de monedas de oro y, sobre todo, de plata, pero después de la Revolución, el gobierno tuvo que adaptar la ley monetaria a los nuevos tiempos.  Así, surgió un torrente de monedas y empezaron a predominar los metales industriales: cobre, bronce, latón y cuproníquel. 

 

En el laboratorio, aparte de revisar los materiales y de agruparlos conforme sus características, se miden y pesan. En algunos casos, se toman muestras de sedimento (para análisis que permitan identificar el contenido de los recipientes) y de productos de corrosión, a fin de reconocer su tipo y determinar si es o no necesaria su remoción. 

 

En ese sentido, finaliza Monserrat Chávez, se efectúan procesos de intervención y tratamientos emergentes, con el fin de estabilizar y conservar los elementos para su estudio. En metales se realiza limpieza y eliminación de productos de corrosión; por otra parte, se unen piezas de vidrio que llegan fragmentadas, y también se elaboran embalajes especiales para aquellas cuyo estado de conservación es delicado, como los restos de un mascarón maya.

 

---oo0oo---

Síguenos en:

Facebook: @INAHmx

X Corp: @INAHmx

Instagram: @inahmx

YouTube: INAH TV

TikTok: @inahmx

Sitio web: inah.gob.mx

ATENCIÓN A MEDIOS DE COMUNICACIÓN

Antrop. Beatriz Quintanar Hinojosa
Coordinadora Nacional de Difusión


Arturo Méndez

Atención a medios de comunicación

arturo_mendez@inah.gob.mx

artest26@yahoo.com.mx

Ext. 417511

Lo más visto