• El editor de la revista, Arturo Ávila, y la especialista Columba Sánchez comentaron la publicación en la Feria Internacional del Libro en Coyoacán
• Aborda temas como las colonias de extranjeros en la Gran Guerra, la migración libanesa en el Istmo de Tehuantepec y el éxodo guatemalteco de los años 80
Los desplazamientos forzados son parte de la historia de la humanidad y, desde su invención, la fotografía ha estado ahí para registrarlos y denunciar las circunstancias de quienes los padecen. A este binomio: “Fotografía y migración” están dedicadas las páginas del reciente número de la revista Alquimia, el cual fue comentado en la Feria Internacional del Libro en Coyoacán (Filco).
En la plaza Hidalgo de la alcaldía, su editor Arturo Ávila Cano, lanzó una pregunta al público reunido en el foro Frida Kahlo: “¿Cuántos de nosotros o de nuestros conocidos somos producto de la migración o de una solicitud de asilo o de refugio?”. Algunos de esos éxodos, de los que México ha sido santuario, aparecen en la edición 82 del órgano de difusión del Sistema Nacional de Fototecas.
Bajo la moderación del subdirector de la Fototeca Nacional, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), Arturo Jaramillo Peñaloza; Ávila Cano conversó sobre algunos de los ensayos, como el escrito por Delia Salazar Anaya, quien aborda el tema de las colonias de extranjeros residentes en México que apoyaron a sus países de origen (Reino Unido, Francia y Rusia) durante la Primera Guerra Mundial.
Las imágenes de grupos de estas colonias, que se pueden admirar en el artículo de la historiadora, crean un contrapunto con la colaboración del sociólogo oaxaqueño Abraham Nahón, quien revisa álbumes familiares para tratar el refugio de los libaneses en el Istmo de Tehuantepec, “valorando a la fotografía como un documento material del pasado, un referente para evocar recuerdos, nostalgia y memoria”.
Como apuntó el editor, los factores que llevan a las personas a desplazarse de una región o de un país a otro, son múltiples: cambios climáticos, conflictos bélicos, crisis económicas, golpes de Estado y violencia, entre otros. En este sentido, “la fotografía tiene el poder de despertarnos empatía, afecto y sentimientos hacia esos ‘otros’, que dejaron lo conocido en busca de un destino mejor”.
Al respecto, la especialista de la Universidad Nacional Autónoma de México, Columba Sánchez Jiménez, elogió la mirada y sensibilidad del fotoperiodista Marco Antonio Cruz (1957-2021) en sus reportajes sobre el exilio guatemalteco en la década de 1980, con una perspectiva particular sobre la niñez desplazada, aspecto del cual escribe el propio Ávila Cano en Alquimia.
“Arturo Ávila, en lugar de explicarnos el fenómeno migratorio en términos estadísticos, propone un enfoque basado en el análisis de las imágenes. Para ello, trabajó en el archivo de Marco Antonio Cruz para tratar a la infancia no solo como víctima del conflicto, sino como personas que expresan resiliencia, vínculos comunitarios y una adaptación a la vida en el exilio.
“Uno de los aportes relevantes del artículo es su reflexión sobre la ética de la representación fotográfica. Las imágenes de la niñez refugiada suelen moverse entre dos extremos: por un lado, pueden sensibilizar a la opinión pública frente a una crisis humanitaria; y, por otro, reproducir estereotipos de pobreza o victimización. Marco Antonio Cruz privilegió la mirada empática que preservara la dignidad de las personas que retrató”, expuso la experta.
En su charla, Sánchez Jiménez se trasladó de los conflictos sociales en el sur del país a lo que sucede en la línea fronteriza con Estados Unidos. Diseccionó la entrevista realizada por Felipe Loeza Balam a la fotógrafa Lisa Elmaleh, quien recupera historias de vida, a través de los procesos fotográficos históricos.
“Estas técnicas exigen exposiciones largas y un procedimiento cuidadoso, lo que determina un ritmo de trabajo mucho más pausado. Ese ritmo también transforma la relación que tiene la fotógrafa con las personas que retrata. Esta elección –como explica Elmaleh– no es solo estética, pues le permite conversar con ellas, otorgándoles presencia y, sobre todo, dignidad”.
Finalmente, los comentaristas invitaron a leer este número de Alquimia, ya sea adquiriendo la revista en el estand del INAH en la Filco, en las librerías del propio instituto o en su versión digital.
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