• Destaca el montaje de obras relativas a la Pasión de Cristo y al dolor de la Virgen María
• Permanecerá hasta el domingo 31 mayo, de martes a domingo, de 10:00 a 17:00 horas
Como ya es tradición en Semana Santa y el tiempo pascual, el Museo de El Carmen ha llevado a cabo el montaje del Altar de Dolores, en esta ocasión bajo el título Scalae Dolorum (Escaleras de Dolor), para recuperar y resignificar esta expresión devocional profundamente arraigada en el barrio de Tenanitla, en San Ángel, Ciudad de México, y en la historia cultural de México, en general.
La secretaria de Cultura del Gobierno de México, Claudia Curiel de Icaza, destacó que “estas actividades reactivan las prácticas que forman parte del patrimonio cultural vivo, al tiempo que abren espacios de reflexión colectiva sobre la memoria, la identidad y las formas en que las comunidades resignifican sus tradiciones”.
El recinto del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) invita a pasar estas vacaciones conociendo sus colecciones –en su mayoría procedentes del excolegio carmelita–, y admirar en el antiguo refectorio dicho altar, donde se han instalado obras anónimas de su acervo, de los siglos XVII y XVIII, relativas a la Pasión de Cristo y al dolor de la Virgen María.
La directora del museo, María Amparo Clausell Arroyo, comenta que esta manifestación ha servido como vehículo de contemplación y reflexión sobre las tribulaciones y la finitud de la existencia humana, trascendiendo de la época virreinal a la actualidad.
“Independientemente del tiempo, padres y madres se identifican con la aflicción que supone la ausencia de un hijo o hija; de ahí la vigencia de los significados subyacentes en el Altar de Dolores”, expresa.
En este contexto, los curadores del montaje, los historiadores Andrés Calderón Fernández y Kevin Steff Bahena López, destacan que se trata de una práctica que combina elementos simbólicos, históricos y estéticos y, aunque forma parte de la liturgia católica, retomó formas de antiguas tradiciones que vinculaban los ciclos de la naturaleza con la renovación espiritual.
De ahí, señala Bahena López, que elementos como naranjas ornamentadas, esferas de vidrio y tapetes efímeros, entre otros objetos, evocan el sufrimiento y la esperanza; sin embargo, las piezas centrales son las imágenes que narran la Pasión y Muerte de Jesucristo.
Es por ello que en una de las peanas se colocó una pintura del Divino Rostro, donde el redentor aparece con la corona de espinas y una expresión sufriente, mientras que en la parte superior del altar cuelga una escultura de Jesús en la cruz y, de fondo, un óleo que representa a la Virgen María, La Magdalena y san Juan en el Monte Calvario, con la ciudad de Jerusalén a sus espaldas.
En los muros laterales de la sala hay dos pinturas con la escena de Jesús en el huerto de Getsemaní, y otro par con la imagen de La Dolorosa, destacando un óleo de 1775, facilitado por el Museo del Colegio de San Ignacio de Loyola Vizcaínas, que tiene la peculiaridad de mostrar ocho, y no siete dolores de la Virgen, como suelen ser reconocidos.
Respecto a esta pieza, el investigador del Museo de El Carmen, Andrés Calderón, señala que, en el remate de los ocho puñales dirigidos al corazón de María, se observan las escenas alusivas a estas aflicciones. La octava correspondería a “La visitación”, aunque el autor también pudo tomar la decisión de incluirla como recurso estilístico para balancear la composición.
El curador comenta que el Altar de Dolores evolucionó en paralelo con transformaciones teológicas y sociales. Desde la Edad Media, la devoción a la Virgen de los Dolores cobró fuerza al enfatizar la dimensión humana del sufrimiento de María como corredentora. Durante la época novohispana, diversas órdenes religiosas promovieron su culto, consolidando la práctica de instalar altares tanto en templos como en espacios domésticos.
El montaje de estos altares se integró al aparato festivo virreinal, invitando a la meditación mediante una rica iconografía. Incluso, en contextos adversos, como las restricciones al culto público en el siglo XIX o los conflictos religiosos del siglo XX, la tradición persistió como una forma íntima de expresión de la fe.
En este sentido, la exposición se inscribe en el marco del centenario del inicio de la Guerra Cristera (1926–1929), recordando cómo en momentos de profunda crisis los Altares de Dolores continuaron acompañando la vida espiritual de los fieles mexicanos.
Scalae Dolorum. Altar de Dolores 2026 permanecerá en el Museo de El Carmen hasta el domingo 31 mayo, de martes a domingo. Horario: 10:00 a 17:00 horas.
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