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Ya se han examinado tres urnas; en dos se identificaron restos óseos de infantes, acompañados de ofrendas cerámicas y huesos de adultos. Foto: Julián del Castillo.

• Se trata de 19 contextos actualmente bajo análisis de la Sección de Bioarqueología del Proyecto de Salvamento Arqueológico

• Ya se han examinado tres urnas, en todas se identificaron restos óseos humanos

Boletín 146


Las prácticas funerarias del sitio arqueológico Cansacbé, en Campeche, son analizadas a partir del estudio de 19 urnas mortuorias recuperadas en octubre de 2025, durante las labores del Proyecto de Salvamento Arqueológico (PSA) del Tren Maya, en el Tramo 2, el cual recorre 234 kilómetros, de Escárcega a Calkiní.

 

Al respecto, la secretaria de Cultura del Gobierno de México, Claudia Curiel de Icaza, señaló que “el estudio de estas urnas funerarias confirma que cada hallazgo arqueológico es también una puerta al conocimiento. En Cansacbé, estos contextos están aportando información valiosa sobre la cosmovisión maya, sus prácticas funerarias y su organización social”.

 

Con un acervo de alrededor de 1,000 entierros humanos, el PSA, implementado por la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, a través del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), y coordinado por el arqueólogo Manuel Pérez Rivas, ha impulsado la investigación científica en el área maya.

 

Desde 2021, la Sección de Bioarqueología del PSA se encarga de la recuperación, resguardo y análisis de los restos óseos humanos hallados, labor fundamental para comprender aspectos relacionados con la cosmovisión en torno a la muerte y la organización social de las poblaciones mayas prehispánicas.

 

Así lo refirieron los antropólogos físicos, Ángel Eduardo García Flores y Julián del Castillo, que forman parte de la sección de Bioarqueología del Tren Maya.

 

Del acervo del Tramo 2, los especialistas estudian 23 objetos cerámicos, 19 de gran tamaño, por lo que se planteó la posible presencia de restos óseos humanos al interior. Tales objetos son intervenidos mediante microexcavación, que consiste en reproducir, en la medida de lo posible, las condiciones de sus contextos originales.

 

De dichas urnas, nueve están asociadas a la estructura denominada T2_10020 y las demás se encontraron distribuidas a lo largo de la ruta del Tramo 2. Actualmente, del citado contexto se han intervenido tres, las cuales miden entre 40 centímetros de altura por 80 a 95 centímetros de diámetro, aproximadamente, explicó García Flores.

 

“Las urnas-vasijas representan el vientre materno, simbolizan el ciclo de retorno al origen”, acotó Del Castillo López.

 

La primera urna, dijo, presentó tres elementos relevantes: los restos de un individuo infantil, de aproximadamente 3 años de edad, acompañado de un cajete matado, es decir, al que se le hacía una fractura intencional para liberar su esencia espiritual; así como un fragmento del cráneo de una persona adulta.

 

Relativo a la disposición de los elementos, el antropólogo físico relató que tanto el infante como el cajete estaban orientados al este, que simboliza el sol naciente o el renacimiento. “El cuerpo fue colocado en posición sedente que, de acuerdo a la cosmovisión maya, mantenía a la niña o niño en alerta en su tránsito al inframundo”.

 

Por otro lado, el cráneo del adulto, orientado hacia el norte, asociado al cielo o a la idea de “mirar el origen”, podría pertenecer a algún ancestro; se ofrendaba para acompañar a la o el niño con el fin de que pudiera unirse a su linaje familiar, por cuyos integrantes sería cuidado.

 

En la segunda urna se hallaron los restos de un individuo infantil, cercano a los cinco años, orientado hacia el este, en posición fetal, con un cajete, por lo que tiene características similares al anterior.

 

La tercera también resguarda los restos de un infante, de entre 18 meses y 3 años de edad. Además de un cajete, se encontró un diente de tiburón (menor a un centímetro) que, como en el caso de la señora K’ab’al Xook, en Yaxchilán, Chiapas, está vinculado a mujeres de la elite política.

 

En la cosmogonía maya, explicó, el tiburón era visto como un monstruo marino primordial y se utilizaba como emblema para identificar a las mujeres de la realeza, por lo que se infiere que pudo tratarse de un individuo femenino.

 

Las osamentas humanas recuperadas presentan alta fragmentación, erosión y grandes cantidades de sedimento adherido, por lo que se considera que su estado de conservación es delicado. Se trata de una investigación en proceso, por lo que falta mucho por investigar, recalcó Del Castillo López.

 

Aunado a los restos óseos, entre los materiales que se identificaron al interior destacan objetos cerámicos, artefactos líticos, caparazones de gasterópodos (caracoles y babosas), así como conchas marinas.

 

El patrón funerario mayense ha sido estudiado desde diferentes ángulos y disciplinas, y este nuevo abordaje contribuirá a reconstruir los procesos socioculturales de las poblaciones precortesianas.

 

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