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Muestra de los discos líticos del monumento T5 23001. Foto: Marisela Salazar.

• Se encontraron 40 discos líticos que, posiblemente, funcionaron como tapas de los jobones, y un sistema de albarradas, nivelaciones y cimientos

• Expertos del INAH estiman que los vestigios datan del periodo Posclásico Tardío (1200-1521 d.C.)


Como resultado del salvamento arqueológico realizado en las obras del Tramo 5 del Tren Maya, proyecto desarrollado por la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, a través del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), en 2022, se descubrió un meliponario prehispánico, el cual se ha convertido en una muestra representativa del solar maya, la unidad espacial de carácter doméstico y productivo organizada en torno a prácticas de autosuficiencia, la cual incluye agricultura, manejo de recursos vegetales y actividades cotidianas.

 

La secretaria de Cultura del Gobierno de México, Claudia Curiel de Icaza, destacó que “el hallazgo de un meliponario nos ayuda a conocer cómo las familias mayas organizaban sus solares y aprovechaban los recursos de su entorno. Investigar y preservar estas evidencias es una responsabilidad pública que nos permite comprender mejor su historia y reconocer la vigencia de los saberes que las comunidades mantienen hasta hoy”.

 

El monumento, registrado como T5_23001, se ubicó en las inmediaciones del Parque Natural Aktun Chen, en Tulum, Quintana Roo, y fue excavado por la arqueóloga Marisela Salazar Carrillo. Mide 19.5 metros de largo por 3.9 metros de ancho y 1.20 metros de alto, con orientación oeste-este, informó el arqueólogo adscrito al Centro INAH Quintana Roo, Luis Ernesto Narváez Mac, quien estudia las muestras de suelo y químicas recuperadas durante el salvamento.

 

El meliponario se compone de mampostería de calizas, expuestas con un ligero trabajo de cantería; las piedras más grandes se hallaron en posición horizontal, y las más pequeñas, en vertical. “Se les ponían cuñas para incrementar la sujeción y estabilidad. Estos muros están compuestos de dos a seis hiladas de rocas para establecer su altura máxima, y desplantan totalmente sobre la roca madre”.

 

En función de ello, el ná’ajil kab (casa de la abeja) tenía una disposición horizontal, para abarcar la mayor área posible y que los jobones (troncos secos y huecos en los que se crían las abejas meliponas y se produce la miel) fueran colocados en hileras, los cuales estaban protegidos por un techo de materiales perecederos.

 

El arqueólogo Narváez Mac dijo que la antigüedad del meliponario, probablemente, se remonte al periodo Posclásico Tardío (1200-1521 d.C.), porque la mayoría de este tipo de estructuras encontradas en la Costa Oriental suelen ser de esa temporalidad o, incluso, de la época de contacto con los españoles (1521-1697 d.C.); sin embargo, deberán realizarse análisis cerámicos para determinar su cronología.

 

Además, cerca de los muros se descubrieron 40 discos líticos de caliza y coral, de entre 10 y 20 centímetros de diámetro, los cuales, quizá, funcionaron como tapas de jobones. Así como restos de piezas cerámicas que, probablemente, correspondieron a ollas y jarrones que sirvieron para almacenar miel; y evidencias líticas, presumiblemente de pesas utilizadas para redes de pesca, y manos de metate.

 

La importancia de los discos radica en que los mayas los utilizaban desde la época prehispánica para tapar los jobones, aunque las primeras investigaciones sobre apiarios descartaban esa función, debido a que en los últimos 100 años se sustituyeron por madera embadurnada con lodo. “En algunas comunidades se siguen utilizando las piedras, aunque en menor medida. La mayoría de los meliponarios mantienen la tradición desde hace 2,000 años, con cambios mínimos”.

 

Además, datos históricos, como los del cronista Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés, del siglo XVI, refuerzan la hipótesis de los meliponarios como parte de un espacio integral. De ahí que en el lugar también se registró un sistema de albarradas, nivelaciones y cimientos cercanos, los cuales, posiblemente, correspondan a espacios habitacionales o de almacenamiento, y un adoratorio (ubicados a menos de 100 metros), además de un cenote y una caverna.

 

“Esto, en conjunto, forma el solar maya. En la época prehispánica, como hoy, los mayas no solo producían o cultivaban una cosa. Por un lado, en la zona más distante y cercana a las albarradas criaban a las abejas, y en otros espacios sembraban maíz o frijol, almacenaban estos productos o propiamente los habitaban”, explicó.

 

En las excavaciones también se tomaron muestras de tierra, las cuales ayudarán a inferir el tipo de ambiente que hubo en ese momento y propició la crianza de melipona beecheii. Estas se enviaron al Laboratorio de Análisis de Suelos y Químicos, en Yucatán, mientras que las evidencias cerámicas y líticas son analizadas en los laboratorios de Quintana Roo y Campeche, respectivamente. 

 

Se prevé realizar un estudio etnoarqueológico para indagar en los meliponarios contemporáneos, así como análisis físicos y químicos en los discos líticos, ya que, por su porosidad, guardan sedimentos. “Estos dirán exactamente si tenemos cera, que es nuestra hipótesis, y sería un biomarcador que determinaría si estos objetos eran para los jobones prehispánicos”, finalizó Narváez Mac.

 

Enlace a fotografías: https://gofile.io/d/H0ug6dIN

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