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Los inmigrantes japoneses son parte constitutiva del México pluricultural y pluriétnico, sostuvo el historiador Sergio Hernández

• Fue investido con la condecoración Rayos de Oro con Collar de Listón, una de las más significativas que otorga el gobierno de Japón

• El homenajeado llamó a reconocer en la inmigración japonesa, parte del crisol cultural que es México

Boletín 153


En ceremonia solemne, realizada en el Museo Nacional de Antropología, donde se entonaron los himnos de ambos países como refrendo de los lazos de amistad, el historiador Sergio Hernández Galindo fue condecorado con la Orden del Sol Naciente, Rayos de Oro con Collar de Listón, distinción que le otorgó el gobierno de Japón por más de 25 años de estudiar y divulgar los orígenes, desarrollo y acción de la migración nipona en México.

 

En su discurso, el embajador de Japón en México, Honsei Kozo, extendió este reconocimiento al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), “organismo que ha valorado y apoyado durante tantos años la investigación del maestro Hernández Galindo, y por ser un referente en América Latina y el Caribe.

 

“Esperamos seguir colaborando con esta institución, no solo en los ámbitos de su competencia, sino también en el entendimiento de la comunidad nikkei (término que refiere a los emigrantes de origen japonés y su descendencia), y en la mayor difusión de la cultura japonesa”, sostuvo en el acto donde se contó con la presencia del secretario técnico del INAH, José Luis Perea González.

 

El embajador entregó al investigador Sergio Hernández un diploma, conferido por el emperador de Japón Naruhito, y firmado por la primera ministra Sanae Takaichi; acto seguido, fue investido con la Orden del Sol Naciente, Rayos de Oro con Collar de Listón, una de las insignias más antiguas que confiere la nación asiática.

 

Como señaló el embajador Kozo, desde 1999, el galardonado, profesor e investigador de la Dirección de Estudios Históricos del INAH, mediante el estudio, recopilación y publicación de testimonios, reveló un hecho poco conocido: la historia de concentración y la persecución de los inmigrantes japoneses en México y sus familias, reunidos en Guadalajara y la Ciudad de México, en ese tiempo Distrito Federal, durante la Segunda Guerra Mundial.

 

“De este modo, el maestro Hernández Galindo, quien también es asesor y miembro permanente de la página electrónica del Museo Nacional Japonés Americano, en Los Ángeles, Estados Unidos, ha contribuido a dar fe de la presencia de la comunidad nikkei en la historia de México y a fomentar la comprensión sobre Japón”, dijo.

 

En su intervención, el homenajeado, autor de títulos como La guerra contra los japoneses en México (2011) y Hibakusha. Testimonio de Yasuaki Yamashita (FCE, 2021), se congratuló de recibir esta máxima distinción en el Museo Nacional de Antropología, recinto que reconoce en sus salas de etnografía el papel de la inmigración extranjera, incluida la japonesa, en el crisol de culturas que es México.

 

Al respecto, en un juego de palabras con la obra de Guillermo Bonfil Batalla, México profundo: una civilización negada, en su ponencia Hernández Galindo habló de la necesidad de seguir arrojando luz sobre la estela dejada por este éxodo en nuestras tierras. “Si no consideramos a este México profundo, seríamos una nación sin raíces, sin carne ni sangre, como menciona Bonfil. Seríamos, a fin de cuentas, una civilización negada. Para la concepción imaginaria, la cultura del país solo proviene de la cultura occidental, que se impuso a partir de la conquista española.

 

“Sería un México irreal si no consideramos al primer grupo de japoneses, compuesto por tres decenas de jóvenes que desembarcó en el puerto de San Benito, hoy Puerto Madero, en Chiapas, en 1897. Estos pioneros caminaron decenas de kilómetros hasta las montañas del Soconusco y levantaron una plantación cafetalera”, rememoró.

 

A ese primer grupo de migrantes, se sumaron otras oleadas (se calcula que más de 10,000 arribaron en el porfiriato), estableciéndose en ese y otros estados, como Veracruz, Coahuila, Sinaloa, Sonora, Baja California, trabajando en la construcción de vías de ferrocarril, la pesca, actividades agrícolas, mineras y comerciales.

 

“Las relaciones entre México y Japón se fortalecieron también por el reconocimiento mutuo de que ambos países habían surgido de civilizaciones milenarias. En los festejos del aniversario del Centenario de la Independencia de México, en 1910, quedó sellada esta consideración.

 

“Los inmigrantes japoneses son parte constitutiva del México pluricultural y pluriétnico, y se han ganado su lugar a pulso, mediante su trabajo y su lucha cotidiana”, finalizó el historiador Hernández Galindo.

 

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