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• El artista, quien ha utilizado el autorretrato como una herramienta artística y per-sonal, recibirá el galardón en el 27 Encuentro Nacional de Fototecas

• En 53 años de trayectoria ha dibujado con luz historias escritas en su propio cuer-po, en salones de baile, paredes, procesiones…


Mientras se reclina, una cicatriz asoma bajo la camisa de Gilberto Chen Charpentier (Ciudad de México, 1954), quien mira confiado a la cámara y responde: “Con la fotografía me he ganado la vida, pero, sobre todo, es un lenguaje a través del cual he crecido, sanado y divertido”. El artista, que ha retratado su cuerpo como un lienzo que nos conecta con la fragilidad humana y la resiliencia, será distinguido con la Medalla al Mérito Fotográfico 2026.

 

El hacedor de imágenes, junto con su colega Ana Casas Broda, recibirá el reconocimiento en el 27 Encuentro Nacional de Fototecas, el 23 de octubre de 2026, edición que, para la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, también representa la celebración del 50 aniversario de la Fototeca Nacional, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

 

Días antes de recoger el galardón, en el Museo Nacional de Antropología, Chen Charpentier hizo un breve recuento de los 53 años en que ha dibujado con luz historias suyas y de otros, reflejadas en las paredes y los ritos colectivos. Se trata, en pocas palabras, de vivir Contra viento y marea, como se titula su más reciente fotolibro, un ensayo de autorretratos.

 

“Mis acercamientos con la fotografía se dieron en la preparatoria, donde había un taller con cuarto oscuro, y luego surgió la oportunidad de trabajar en la revista Deporte Color. Comencé a estudiar física, pero siempre di prioridad a la foto. Dejé la carrera al tercer año, y me hice socio de un laboratorio fotográfico”.

 

Pese a la experiencia que creyó haber adquirido, para su ego fue un descalabro que no seleccionaran su propuesta en el Primer Coloquio Latinoamericano de Fotografía, en 1978, organizado por el Consejo Mexicano de Fotografía (CMF). Fue entonces cuando comprendió una verdad: “Para ser fotógrafo tienes que aprender el lenguaje, es decir, saber cómo quieres decir las cosas y qué quieres decir. Pasa igual que la escritura. Un altísimo porcentaje de la población sabe leer y escribir, pero, ¿por qué no todos son poetas? Una cosa es conocer el a, b, c, y otra cultivar un lenguaje propio para decir algo.

 

“De los 70, que empecé a hacer foto deportiva, a los 80 que entré al CMF, lo que hice fue aprender un lenguaje”, reflexiona.

 

Él era parte de los jóvenes que no se atrevían a interpelar a las “vacas sagradas”, como Pedro Meyer –quien hace poco lo retrató portando una armadura laminar, como los guerreros de terracota de Xi’an–. Algunos de ellos, como Vida Yovanovich, Vicente Guijosa, Adrián Bodek, Guillermo Soto, Carlos Contreras de Oteyza, Isaac Sigal y el propio Chen formaron el grupo six pack (aunque el número de camaradas variaba).

 

“En ese grupo de confianza aprendí a argumentar y a escuchar contraargumentos. De ahí salieron proyectos como el de la ‘Carlota’, en el que exploré ponerle un cuerpo a esa cabeza que originalmente iba a ser para la escultura de una virgen; y el de los salones de baile, que fue el primero y lo hice con película de color nocturna”.

 

Sin embargo, un diagnóstico médico sería el detonante de su serie decisiva: “Testimonio de una curación”. En 1991, le detectaron un tumor mediastinal. No lo tomó como un anuncio letal y supo que nadie más debía contar su historia: “Tuve que ver encuadres, exposiciones, poner temporizador y calcular el disparo, en una época en la que no había autoenfoque ni pantallas en donde verme.

 

“Las sesiones de quimioterapia dieron resultados positivos, pero el material estuvo guardado casi dos años. No quería entrar al cuarto oscuro y enfrentarme a esas imágenes, también pensando en la forma en que debía trabajarlas, por ejemplo, las radiografías son tamaño natural y las fotos eran formato 35 mm, ¿cómo integrarlas?”.

 

A más de 30 años de distancia, las imágenes (con las que ganó el Premio de Adquisición de la VI Bienal de Fotografía) reflejan perfectamente su sentir de esa época difícil: “Siempre había sido purista. Mi fotografía era directa, nada de manipulaciones. Pero, en este caso, debía liberar mis emociones. Por una extraña razón se rayó un negativo que era importante y, en vez de enojarme, decidí rayarlo más, fue así como rompí fotos, hice collages, montajes, manchones, lo que fuera”.

 

Gilberto Chen muestra con orgullo la cicatriz que cruza su pecho, y hace pensar en “La piel de las paredes”, otro proyecto en el que captura muros intervenidos. De un tiempo a esta parte ha vuelto a retratarse, “jugando con la idea de que el reloj puede adelantarse o echarse para atrás”, pocos como él han ejercido el derecho a la autorrepresentación de una forma tan valiente.

 

Enlace a fotografías: https://gofile.io/d/DLybquXS

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