Chalcatzingo: arquitectura y ritual del juego de pelota
En el oriente de Morelos, donde la roca conserva la memoria de antiguas civilizaciones, Chalcatzingo resguarda un paisaje ceremonial que revela la estrecha relación entre la naturaleza, la arquitectura y la cosmovisión de los pueblos del Preclásico mesoamericano.
Entre las construcciones más representativas del sitio destaca su juego de pelota, integrado al núcleo ceremonial del asentamiento. La cancha, de planta cerrada en forma de “I” y orientación este-oeste, fue modificada a lo largo de al menos tres etapas constructivas, lo que evidencia un uso prolongado y una cuidadosa planeación arquitectónica. Este conjunto desempeñó un papel central dentro del asentamiento y refleja la importancia que el juego de pelota tuvo como espacio de interacción ritual, política y social en las sociedades mesoamericanas.
Ubicada al pie de los cerros Chalcatzingo y El Delgado, esta antigua ciudad se desarrolló en un entorno de tierras fértiles y manantiales que favoreció el establecimiento de uno de los asentamientos más importantes del Preclásico Medio (ca. 1200-400 a.C.) en el Altiplano Central. Junto con Teopantecuanitlán, constituye uno de los principales testimonios de la presencia de la tradición olmeca fuera de la costa del Golfo.
Su desarrollo fue contemporáneo al de La Venta, en Tabasco, vínculo que puede apreciarse en la arquitectura. El rasgo más distintivo de Chalcatzingo son sus extraordinarios petrograbados, distribuidos en las laderas de los cerros y en distintos sectores del asentamiento.
Estas manifestaciones artísticas, entre las más relevantes del Preclásico mesoamericano, reflejan los intensos vínculos e intercambios culturales que caracterizaron a las sociedades de la época. En conjunto con su arquitectura monumental y su juego de pelota, hacen de Chalcatzingo uno de los testimonios más sobresalientes de las primeras sociedades complejas de Mesoamérica y de la estrecha relación entre el paisaje, la arquitectura y la cosmovisión.