Cimientos de Mictlán: El Legado de Tehuacán-Ndachjian
Sobre la meseta de San Diego Chalma reposa Ndachjian, más conocida como Tehuacán, la ciudad que los antiguos ngiwas (popolocas) erigieron para dialogar con el paisaje árido de Puebla.
Entre el año 1000 y 1456 d.C., este recinto no solo fue el centro político del valle, sino un complejo sistema de supervivencia hídrica y fervor religioso.
La arquitectura de Tehuacán Viejo revela una cosmogonía donde el agua era el recurso más sagrado y la muerte, un diálogo constante.
Destaca el Templo de las Calaveras, un altar donde cráneos y fémures humanos fueron integrados a los muros con estuco. Esta ofrenda a Mictlantecuhtli, dios del inframundo, subraya la cosmogonía de un pueblo que veía en el hueso la semilla de la vida.
La relevancia del sitio ha sido reconocida por la UNESCO, al ser pieza clave del Bien Mixto de la Humanidad Tehuacán-Cuicatlán. Aquí, la rigurosidad de las estructuras —como el Templo Mayor o las bases circulares de Ehécatl— convive con el rastro de la domesticación del maíz.
Ndachjian fue la capital que resistió hasta la expansión mexica en el siglo XV, dejando un legado donde la ingeniería del agua y la piedra se funden en una sola identidad que aún emerge de la tierra.