Edzná: la ciudad que aprendió a leer el agua
Edzná es una ciudad construida con tiempo, agua y conocimiento. Su nombre, que puede traducirse como “Casa de los Itzáes”, remite a un linaje y a una historia larga, escrita en piedra y en paisaje. No es un asentamiento aislado: es el resultado de siglos de observación, adaptación y organización social en la península de Yucatán.
Las primeras evidencias de ocupación humana datan del año 400 a.C., sin embargo, Edzná alcanzó su mayor desarrollo entre los siglos V y X d.C., cuando se consolidó como una capital regional con funciones políticas, ceremoniales y económicas.
Su traza urbana revela una planificación cuidadosa, donde plazas, plataformas y edificios monumentales ordenan la vida pública y ritual.
Uno de los rasgos que distinguen a Edzná es su sofisticado sistema hidráulico. En un entorno marcado por lluvias intensas y zonas inundables, sus habitantes diseñaron canales, reservorios y obras de control del agua que permitieron sostener la agricultura y el crecimiento urbano.
Aquí, la ingeniería no fue solo una solución técnica, sino una forma de entender y dialogar con el territorio.
La Gran Acrópolis articula el corazón de la ciudad. Desde ahí se levanta el emblemático Edificio de los Cinco Pisos, una estructura que concentra poder, simbolismo y dominio visual del entorno. Su presencia resume la importancia de Edzná como centro rector y como escenario de prácticas políticas y ceremoniales profundamente vinculadas con la cosmovisión maya.
Hoy, Edzná se ofrece como un espacio donde aún es posible leer la relación entre sociedad, naturaleza y tiempo. Caminar entre sus estructuras es asomarse a una ciudad que supo crecer sin romper el equilibrio con su entorno y que, siglos después, sigue hablándonos de organización, conocimiento y memoria.
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