El muerto al pozo y el vivo… al Ex Convento de Culhuacán
Con una sonrisa burlona y manos huesudas, este esqueleto de fraile agustino en papel maché custodia uno de los abundantes murales que se encuentran en uno de los pocos conventos agustinos del siglo XVI de la Ciudad de México: el Ex Convento de Culhuacán.
En los corredores del claustro bajo y alto de este recinto, edificado entre 1560 y 1570, sobresalen estas obras pictóricas al fresco de los siglos XVI y XVII que fueron pintadas por tlacuilos, artistas indígenas, combinando el estilo plateresco europeo con la maestría local.
Es de los pocos lugares donde esa pintura sobrevivió: escenas de la vida de Cristo, santos y mártires, hechas con una maestría única tatuada sobre muros que tienen casi 500 años.
Hoy, esos mismos pasillos donde rezaban los agustinos, están habitados por representaciones contemporáneas de la muerte satirizada… No como final, sino como personaje; como un fraile calavera que se ríe, que camina entre nosotros y que nos recuerda que la muerte puede estar en cualquier parte.
Actualmente, el Centro Comunitario Culhuacán forma parte de la Red de Museos del INAH, y en esta temporada de Día de Muertos puedes recorrer sus ofrendas tradicionales montadas entre claustros, celdas y murales.