Entre oro y devoción: el barroco del Museo Nacional del Virreinato
Al entrar al Templo de San Francisco Javier, en Tepotzotlán, la mirada se eleva hacia el presbiterio. Tres retablos dorados dominan el espacio y capturan la atención del visitante, anunciando la riqueza artística y simbólica que resguarda el recinto.
Las obras, que forman parte del antiguo Colegio Noviciado de la Compañía de Jesús, hoy Museo Nacional del Virreinato, son una de las expresiones más sobresalientes del barroco novohispano del siglo XVIII y testimonian el esplendor cultural de la Nueva España.
Su diseño y ejecución se inscriben en las obras de renovación impulsadas en 1753 por el padre Pedro Reales, rector del colegio. Ese año, el pintor Miguel Cabrera, una de las figuras más importantes del arte virreinal, y el ensamblador Higinio de Chávez fueron contratados para fabricar y dorar los retablos, así como para realizar blandones y pedestales que completaran el conjunto. El contrato, fechado el 7 de diciembre de 1753, establecía la construcción del retablo mayor y de los dos retablos laterales, que debían estar concluidos para su estreno en diciembre, en honor de san Francisco Javier, patrono de la iglesia y símbolo de las misiones jesuitas.
El retablo mayor está dedicado a san Francisco Javier; el retablo lateral izquierdo presenta a san Francisco de Borja, prefecto general de la Compañía de Jesús, y el retablo lateral derecho está consagrado a san Estanislao de Kostka, santo patrono de los novicios jesuitas. En el sagrario del retablo mayor se conserva una pintura de la Virgen de Guadalupe que no presenta firma, pero que ha sido atribuida a Miguel Cabrera con base en criterios estilísticos y documentales.
Al observar con atención esta imagen mariana, se distingue un número “ocho” en la túnica, sobre el pie derecho. Este detalle deriva de las copias realizadas tras la inspección oficial de la tilma de Juan Diego en 1751, en la que Miguel Cabrera participó y para la cual elaboró un dictamen técnico sobre la obra original. De acuerdo con el propio pintor, este llamado “ocho índice” alude a la Octava de la Concepción Purísima, un significado teológico que se incorporó en representaciones posteriores de la imagen guadalupana.
El retablo mayor del templo del noviciado jesuita de Tepotzotlán, hoy Museo Nacional del Virreinato, reúne la destreza pictórica de Miguel Cabrera, el refinado trabajo de ensamblaje y dorado de Higinio de Chávez y un complejo programa iconográfico al servicio de la espiritualidad jesuita. Más allá de su riqueza visual, este conjunto constituye un valioso testimonio de las prácticas devocionales, los saberes artísticos y los discursos simbólicos que dieron forma a la vida religiosa y cultural de la Nueva España en el siglo XVIII.