Ex Convento de Acolman: una maravilla del legado agustino
Caracterizado por sus notables elementos góticos y platerescos, este magno recinto agustino del siglo XVI sobresale por la impecable ejecución de su pintura mural, una de las más tempranas en América Latina.
Cercano a Teotihuacan, Estado de México, y con una superficie de 2.5 hectáreas, la historia de este recinto de casi de cinco siglos de antigüedad es la de un arduo proceso de rescate, tras los severos daños causados por tres tormentas, dos en el siglo XVII y una en el siglo XVIII, que provocaron el desbordamiento del lago de Texcoco y de la Presa del Rey y la inundación del templo.
Ante la pérdida de gran parte de su acervo, fue abandonado por los religiosos. No obstante, el clero secular lo ocupó de nuevo a mediados del siglo XIX.
Posteriormente, fue habilitado como Museo Virreinal en 1921 y exhibió obra pictórica y escultórica sacra, libros del fondo parroquial, objetos prehispánicos y elementos arquitectónicos rescatados hasta 1992.
Abierto al culto, su templo cuenta con una cruz atrial de cantera labrada al estilo tequitqui. En el ábside están representados personajes importantes: obispos, cardenales y frailes, junto a profetas del Antiguo Testamento y santos con hábito agustino.
Fue a mediados del siglo XX que concluyó la restauración de este conjunto y, actualmente, los visitantes pueden recorrer la mayoría de sus espacios habilitados, tanto de la planta baja como de la planta alta, así como disfrutar de su interesante oferta cultural.