Los mamuts de Tultepec: vestigios de un paisaje remoto
La paleoarqueología abre una ventana hacia los paisajes más antiguos. A partir de huesos, sedimentos y vestigios dispersos en la tierra, esta disciplina permite reconstruir entornos, animales y formas de vida que existieron antes que la memoria escrita.
En el municipio de Tultepec, Estado de México, bajo un terreno que parecía estéril, emergió uno de los hallazgos paleoarqueológicos más relevantes de la Cuenca de México.
Las excavaciones realizadas por el INAH en 2019 revelaron más de 1,500 huesos pertenecientes a, por lo menos, catorce mamuts que habitaron la región entre 15,000 y 13,000 años antes del presente.
El sitio, conocido como Tultepec II, documenta la interacción entre los primeros pobladores y la megafauna del Pleistoceno. Las investigaciones dirigidas por el arqueólogo Luis Córdoba Barradas identificaron dos grandes fosas interpretadas como trampas de caza, así como evidencias del procesamiento de los animales. El acomodo intencional de algunos huesos, como vértebras dispuestas alrededor de un cráneo, sugiere prácticas que pudieron tener también un significado ritual.
Estos restos óseos no solo hablan de mamuts desaparecidos, sino de la organización y el conocimiento de los antiguos cazadores de la Cuenca de México. En la tierra removida y en cada fragmento recuperado, se asoma la memoria de un paisaje remoto, cuando la presencia humana comenzaba a entrelazarse con la vida de la megafauna que recorría estas llanuras.