Malintzin: la palabra como puente entre mundos
La Conquista de México no se decidió sólo en el campo de batalla. También se construyó a través de la palabra, la traducción y el entendimiento entre lenguas y culturas distintas. En ese proceso, Malintzin ocupó un lugar fundamental: fue intérprete, mediadora y testigo de un momento que transformó la historia de Mesoamérica.
Las fuentes históricas la nombran de distintas maneras, y cada nombre cuenta una parte de su historia. Para los pueblos nahuas fue Malinalli, su nombre de origen; para los españoles, doña Marina, un título que reconocía su papel singular. El nombre “Malinche”, con el que se le conoce hoy, surgió más tarde y ha sido cargado de significados negativos que no aparecen en los testimonios de su tiempo. La historiografía ha señalado que esta visión simplificada es una construcción posterior que distorsiona la complejidad de su figura.
Malintzin formó parte del grupo de mujeres entregadas a Hernán Cortés por un gobernante maya de la región de Tabasco o Champotón.
Su conocimiento de varias lenguas y su rápida adquisición del castellano la convirtieron en el principal puente de comunicación durante la expedición de Hernán Cortés. En la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, Bernal Díaz del Castillo reconoce que, sin ella, el diálogo con los pueblos indígenas habría sido casi imposible.
Lejos de explicaciones fáciles, investigaciones históricas y antropológicas han mostrado que su papel no puede reducirse a ideas como traición o sumisión. Malintzin actuó en un contexto de profundas desigualdades de poder, pero su dominio de la palabra le permitió tomar decisiones, negociar y mediar entre mundos culturales distintos. Su presencia no sólo aparece en crónicas españolas, sino también en fuentes indígenas como el Códice Florentino, donde se le representa como una figura clave.
En 2026, esta mirada más amplia ha encontrado eco en el espacio público. Una escultura de Malintzin se integró al Paseo de las Heroínas, en Paseo de la Reforma, junto con otras representaciones de mujeres indígenas ancestras. Este gesto del Gobierno de México busca reconocer a figuras históricas que durante siglos fueron invisibilizadas y abrir una reflexión sobre cómo se ha construido la memoria colectiva.
Malintzin representa una historia marcada por el poder de la palabra. Su figura invita a repensar la Conquista como un proceso en el que las mujeres indígenas tuvieron un papel activo, aunque sus experiencias hayan sido reinterpretadas, silenciadas o distorsionadas a lo largo del tiempo.
El Paseo de las Heroínas es un espacio tangible para mirar de frente el pasado, cuestionar los relatos que lo han definido y volver a pensar nuestro origen. Al recorrerlo, revisitamos a nuestras ancestras, mujeres que fueron constructoras de memoria y protagonistas de transformaciones profundas. Las mujeres indígenas son raíz y continuidad: en ellas habitan la lengua, la comunidad y la fuerza que nos nombra y nos sostiene en el tiempo.