Restauración y gloria: Cúpula del Antiguo Templo de Santa Teresa la Antigua
La tarde del 7 de abril de 1845, un violento terremoto sacudió a la capital mexicana y destruyó la cúpula del Antiguo Templo de Santa Teresa la Antigua, obra del arquitecto José Antonio González Velázquez y decorada por Rafael Jimeno, además de causar profundos daños en múltiples edificios aledaños.
Esta estructura neoclásica, ubicada a unos 100 metros de la Catedral, al norte de la actual calle Moneda, formaba parte también del convento de San José de Carmelitas Descalzas, recinto que habitó brevemente la décima musa, Sor Juana Inés de la Cruz.
Tras una labor excepcional conjunta, que duró entre 13 y 15 años, este importante elemento arquitectónico fue reconstruido por el eminente arquitecto don Lorenzo de La Hidalga y pintado por el no menos célebre maestro Juan Cordero.
Mientras que la cúpula original contaba con planta circular y un tambor alto que lucía columnas pareadas de orden corintio al exterior; la nueva cúpula constó de un tambor circular doble, con pilastras que enmarcan los notables vitrales del siglo XIX que plasman escenas de la vida de Cristo, adornada con un ancho anillo ornamentado con figuras geométricas al interior, además de la solemne pintura de estilo neoclásico que representa a Dios Padre rodeado por las siete virtudes celestiales.
Desde hace más de tres décadas, este recinto que por casi cuatro siglos estuvo dedicado a la profesión monástica y a la comunión con lo divino, forma parte del ahora Museo Ex Teresa Arte Actual, espacio a cargo del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura cuyo fin es documentar, recopilar y difundir la memoria en torno a los diversos procesos artísticos contemporáneos.