Rostros de piedra verde en el corazón mexica
Bajo una tonelada de piedra y cientos de años de silencio, Tenochtitlan seguía guardando un secreto sagrado. Cuarenta y tres reliquias milenarias de piedra verde quedaron enterradas junto a cuatro mil tesoros del mar como ofrenda para Tláloc.
Esta imagen corresponde a uno de los tres cofres de piedra —tepetlacalli, del náhuatl tetl, piedra y petlacalli, caja de petate— hallados por el Proyecto Templo Mayor en 2023 y registrados como las Ofrendas 186, 187 y 189.
El hallazgo, encabezado por los arqueólogos Alejandra Aguirre Molina y Antonio Marín Calvo, del equipo del Dr. Leonardo López Luján, se localizó en la plataforma de la fachada del Huei Teocalli, correspondiente a la Etapa IVa (1440-1469 d.C.), periodo del gobierno de Motecuhzoma Ilhuicamina.
En su interior, se resguardaban 43 figurillas antropomorfas talladas en piedra verde de estilo Mezcala, originario de la región del río Balsas, en el norte de Guerrero. En total, sumados a los depósitos descubiertos desde la década de 1970, son 83 figurillas que formaron parte de una misma y colosal ceremonia de consagración.
Cuando los mexicas conquistaron esa región, estas piezas ya eran reliquias con más de 1,000 años de antigüedad. Fueron traídas a Tenochtitlan como botín de guerra y resignificadas: a varias se les añadió pintura facial alusiva a Tláloc, deidad de la lluvia.
Junto a ellas, los sacerdotes depositaron los símbolos por excelencia del agua y la fertilidad: más de 4,000 elementos malacológicos —conchas, caracoles y corales del Atlántico—, 137 cuentas de piedra verde, pendientes en forma de serpiente de cascabel, copal, arena marina y restos de peces sierra.
Para los mexicas, estos cofres eran petacas sagradas donde se guardaba lo más precioso. Colocarlos bajo las enormes cabezas de serpiente de una tonelada que decoraban la plataforma del templo, requirió una logística colosal y la participación de decenas de sacerdotes
Es la ofrenda ritual de mayor escala realizada durante el gobierno del primer gran conquistador mexica y una ventana a la compleja religiosidad, el poder militar y la cosmovisión tenochca.