Serpiente Lunar protagoniza en Chichén Itzá uno de los fenómenos más bellos de Mesoamérica
El fenómeno arqueoastronómico, que se registra con el esplendor de Uh, la diosa Luna de los mayas, fue descubierto hace 97 años por don Arcadio Salazar Lara. Simboliza la dualidad y el agradecimiento por las cosechas.
Por Martha López Huan.
Uh, la diosa Luna de los mayas, bañó con su luz este 26 de septiembre la zona arqueológica de Chichén Itzá para dar paso a uno de los fenómenos arqueoastronómicos más bellos que se hayan registrado en Mesoamérica: el descenso de la Serpiente Lunar.
“Ese fenómeno arqueoastronómico es la versión femenina de Kukulcán solar, pero cuando la Serpiente Lunar desciende en otoño simboliza el agradecimiento por las cosechas”, explicó don José Antonio Keb Cetina, quien desde hace 29 años trabaja como custodio de Chichén Itzá, la ciudad más visitada de México, con 2.5 millones de turistas al año.
La Serpiente Lunar también simboliza la dualidad de los mayas, “un principio fundamental en la cosmovisión de Mesoamérica, como el cielo y la tierra, la vida y la muerte, hombre y mujer, Sol y Luna o blanco y negro”.
El fenómeno arqueoastronómico, que don Arcadio Salazar Lara (1896-1982) descubrió hace 97 años, comenzó a las dos de la madrugada, cuando los más de 20 conjuntos arquitectónicos de Chichén Itzá brillaban por el esplendor de la Luna llena, mientras se acrecentaba el canto de los búhos y otras aves nocturnas.
Una hora después, la explanada de la majestuosa ciudad precolombina lucía tan clara, por la presencia de la diosa Luna de los mayas, que la alfarda noroeste del edificio, considerado una de las nuevas siete maravillas del mundo, anticipaba un glorioso descenso y un sinuoso andar de la Serpiente Lunar rumbo al Cenote Sagrado, para agradecer por las lluvias y el tiempo de cosechas.
De las 4:28 a las 4:45 de la madrugada, la Serpiente Lunar lució esplendorosa, espectacular, mágica, poderosa y brillante, como para remarcar que su presencia es vital para la cosmovisión y la agricultura, pero también para resaltar la dualidad de la civilización maya que sigue maravillando al mundo.
El fenómeno arqueoastronómico, que se registra dos veces al año en el Castillo de Chichén Itzá y que fue promovido a nivel mundial por el arqueólogo Víctor Segovia Pinto y el astrónomo Eddie Salazar Lara, aún guarda secretos de la cosmogonía maya, y algunos se van develando cada año durante las madrugadas del descenso de la Serpiente Lunar, que muchas veces llega con hermosas estampas en el cielo, coronado de planetas, las Pléyades, Orión, las Osas Mayor y Menor y otras estrellas que cautivan con su luminosidad.
“Los movimientos de la Serpiente Emplumada, ya sea con la Luna o con el Sol, están ligados con la agricultura y la lluvia”, indicó Keb Cetina, quien a lo largo de 39 años ha comprendido que los fenómenos “maduran como los elotes”.
El astrónomo aficionado explicó que algunas veces la Serpiente Lunar asoma tres días antes al pie del Castillo, con cuatro, cinco o seis triángulos de luz, y después aparece con siete; “eso significa que madura, igual que las cosechas”.
Antes del descenso, se realizó una ceremonia para pedir permiso a los dioses y dueños de la zona arqueológica de Chichén Itzá y a los aluxes, con cacao, ron y miel en jícaras.
Surtió efecto: la Serpiente Lunar descendió esplendorosa y, a las 4:34, justo cuando los siete triángulos de luz se formaron a la perfección, se escuchó un ruido extraño y estruendoso en el Sacbé que lleva al Cenote Sagrado.