Tehuacán, Puebla: memoria de la tierra
En Tehuacán, la relación entre los seres humanos y la naturaleza se hace tangible. Este territorio reúne un patrimonio biológico, arqueológico y cultural fundamental para comprender algunos de los procesos que dieron forma a las sociedades mesoamericanas.
Las investigaciones arqueológicas realizadas en cuevas como las de Coxcatlán y San Marcos han recuperado restos de plantas cultivadas que permiten estudiar las primeras etapas de la agricultura en la región. Entre ellos destacan vestigios de maíz (Zea mays), cuya domesticación fue un proceso prolongado, resultado de la interacción entre las comunidades humanas y las poblaciones silvestres de teocintle. Junto con la calabaza, el frijol, el chile y otras especies, el maíz formó parte de las transformaciones que favorecieron el establecimiento de comunidades agrícolas.
El registro arqueológico también documenta conocimientos desarrollados para aprovechar las condiciones ambientales del valle. Canales, terrazas, pozos, represas y otras obras hidráulicas dan cuenta de distintas estrategias para captar, almacenar y distribuir el agua, un recurso decisivo en un entorno de marcada aridez. La antigua presa de Purrón constituye uno de los testimonios más relevantes de esta historia tecnológica.
La riqueza natural del valle constituye otro de sus rasgos distintivos. En esta región se encuentra la Reserva de la Biosfera Tehuacán-Cuicatlán, decretada el 18 de septiembre de 1998, que comprende territorios de Puebla y Oaxaca. Sus ecosistemas albergan una notable diversidad de cactáceas, agaves, izotes, encinos y otras especies adaptadas a condiciones de escasa disponibilidad de agua. Sobresalen los bosques de cactáceas columnares, entre los más densos del mundo, así como numerosas especies endémicas que hacen de este paisaje un importante centro de diversidad biológica.
La historia humana de este territorio también tiene una expresión monumental en Tehuacán Ndachjian, conocido como Tehuacán el Viejo, antigua ciudad de filiación ngiwa o popoloca, cuyo desarrollo alcanzó especial relevancia durante el periodo Posclásico (900 a 1521 d.C.), entre aproximadamente los siglos X y XV.
En 2018, el Valle de Tehuacán-Cuicatlán fue inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO como bien mixto, por sus valores naturales y culturales. Este reconocimiento destaca tanto la singularidad de sus ecosistemas como las evidencias arqueológicas de la domesticación de plantas y del desarrollo temprano de la agricultura mesoamericana.
En el marco del Día Internacional de las Reservas de Biosfera, que se conmemora cada 3 de noviembre, Tehuacán permite reflexionar sobre la continuidad entre biodiversidad, conocimiento y cultura.