Templo de Nuestra Señora del Carmen: Un tesoro neoclásico mexiquense
Enclavada en el centro de Toluca, Estado de México, se encuentra la Iglesia del Carmen, parte del convento que se construyó en varias etapas a finales del siglo XVIII por la Orden de los Carmelitas Descalzos, y diseñada por Miguel de Rivera, con el fin de intervenir positivamente en el proceso de evangelización de los indígenas del Valle del Matlatzinco.
Este recinto se caracteriza por su estilo predominantemente neoclásico. Su fachada consta de dos cuerpos. En el primero, hay un par de pilastras dóricas que enmarcan un arco de medio punto que es el acceso al templo. Sobre la entrada, hay un nicho con la escultura de Nuestra Señora del Carmen flanqueada por cuatro columnas que sostienen un frontón. Cuenta con una balaustrada que corre en la parte superior, dándole la vuelta completa a la iglesia.
Su torre del campanario también es un rasgo que la caracteriza, con 45 metros de alto, fue un proyecto de José Ortiz de Castro realizado entre los años 1811 y 1814.
Con el paso del tiempo, tras la entrada en vigencia de las Leyes de Reforma, parte del convento se convirtió en asilo, hospital y escuela. Algunos vestigios pueden verse en la parte superior del Museo de Bellas Artes, fundado en 1945, cuya estructura perteneció originalmente al templo.
Este recinto ha sido protagonista de algunas leyendas, como la presunta construcción de misteriosos túneles o la aparición de sombras de clérigos y monjas. No obstante, su fama recae en las múltiples historias de milagros atribuidas a la Virgen, motivo por el que cada 16 de julio, cientos de feligreses acuden para agradecerle o pedirle algún favor.
Durante su celebración, que se extiende a lo largo del mes, la Virgen del Carmen es llevada a recorrer los barrios cercanos. Una vez que termina el paseo, es recibida con pétalos de rosas que caen desde la entrada hasta su ingreso al templo, y es colocada a un lado del altar, donde se extiende su manto para que la gente pase debajo y pida la gracia que anhele.