Una joya renacentista en Iztapalapa: El Ex Convento de Culhuacán
A pesar de su condición tributaria por el dominio de México-Tenochtitlan, Culhuacán era considerado un pueblo de gran influencia entre los señoríos de la zona lacustre. Por su trascendencia histórica, cultural y religiosa desde su fundación (600 d.C.), fue elegido como centro evangelizador, misión iniciada por la orden franciscana y encomendada, posteriormente, a los frailes agustinos.
Con este fin, fue edificado un convento renacentista, entre 1550 y 1570, enclavado en la ladera poniente del Cerro de la Estrella. Este antiguo monasterio, dedicado a San Juan Evangelista, destaca por su sobria construcción realizada con basalto volcánico, en cuyo interior prevalecen maravillosos frescos de estilo barroco plateresco, muestra de la excelencia de los tlacuilos, además de un aro marcador de juego de pelota en su patio, evidencia de la rica herencia prehispánica.
El convento funcionó como tal hasta 1756, tras lo que el inmueble tuvo varios usos y fue testigo de siglos de historia hasta que, en 1944, fue declarado monumento histórico por el INAH. En 1985 se decidió transformar en museo y, una década después, se abrieron las primeras cuatro salas de exposición permanente.
Si bien, el lema central de la Orden de San Agustín reza «una sola alma y un solo corazón dirigidos hacia Dios» (Anima una et cor unum in Deum), que enfatiza la fraternidad y la unidad en la comunidad para el servicio divino; hoy por hoy, a poco más de cuatro décadas de su inauguración como espacio público de esparcimiento cultural, este recinto aún responde a las necesidades de una comunidad profundamente vinculada al lugar, haciéndolo pilar de su tejido social.