Xochicalco: la ciudad que conversa con el firmamento
En el centro de la Plaza de la Estela de los Dos Glifos, en Xochicalco, permanece la réplica de un monumento que resguarda la memoria de uno de los momentos más significativos de esta ciudad del Epiclásico mesoamericano (650-900 d.C.). La estela original, un monolito de piedra sedimentaria, conserva la inscripción calendárica "Año 10 Caña" y "Día 9 Ojo de Reptil", una fecha considerada el probable momento de la inauguración de la ciudad.
Mientras la pieza original se conserva en la Sala 3, Xochicalco, resguardo de hombres, del Museo de Sitio de Xochicalco, su réplica continúa ocupando el sitio para el que fue erigida, donde aún dialoga con la arquitectura, el horizonte y el recorrido del Sol.
Ubicada en el Cerro de los Tres Lóbulos o Cerro Xochicalco, esta antigua ciudad es testimonio del profundo conocimiento astronómico desarrollado por sus habitantes. De acuerdo con el arqueólogo José Cuauhtli Alejandro Medina Romero, Director de la Zona Arqueológica de Xochicalco y su Museo de Sitio, la Estela de los Dos Glifos forma parte del denominado “calendario de horizonte de Xochicalco”, un sistema construido a partir de la observación sistemática del cielo y de la relación entre los movimientos del Sol, la Luna y los astros visibles con los elementos del paisaje.
Los sabios observadores del cielo xochicalcas comprendieron los ciclos astronómicos y los relacionaron con el horizonte para medir el paso del tiempo, organizar actividades ceremoniales, planificar labores agrícolas y ordenar distintos aspectos de la vida social. Este conocimiento quedó plasmado en la propia arquitectura del sitio: los astrónomos indicaron a los constructores las dimensiones necesarias para el ensanchamiento de la fachada donde se encuentra el acceso al basamento oriente, cuyas alfardas delimitan las escalinatas de ingreso.
Los movimientos del Sol a lo largo del año permitieron a los xochicalcas identificar una franja del horizonte relacionada con los solsticios y los equinoccios. A partir de este conocimiento, los arquitectos modificaron la forma del basamento oriente, cuyo acceso presenta un ensanchamiento semejante a una “T”. Con precisión geométrica, esta fachada se convirtió en la base de un triángulo horizontal cuyo vértice estaría representado por la Estela de los Dos Glifos, conformando el denominado calendario de horizonte de Xochicalco, un sistema arquitectónico que integró la observación del cielo, el paisaje y la medición del tiempo.
Este conocimiento permitió organizar la vida ritual y cotidiana de la ciudad, así como las actividades agrícolas vinculadas con la preparación de la tierra, la siembra, la cosecha y las temporadas de lluvia. Para los pueblos del México antiguo, el paisaje no era únicamente el espacio donde transcurría la vida cotidiana; también constituía un sistema de referencia para comprender y ordenar el tiempo. Como señala el arqueólogo José Cuauhtli Alejandro Medina Romero, Director de la Zona Arqueológica de Xochicalco y su Museo de Sitio, "el paisaje era simultáneamente un mapa y un calendario", una expresión del profundo vínculo entre observación, conocimiento y organización social.
La Estela de los Dos Glifos y el calendario de horizonte de Xochicalco representan así uno de los grandes legados de los astrónomos xochicalcas: una muestra del ingenio con el que una sociedad antigua interpretó su entorno y transformó la observación del cielo en arquitectura, memoria y patrimonio cultural de la humanidad.
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