Tláloc-Tlaltecuhtli: el ciclo de muerte y regeneración
En la cosmovisión mexica, el agua y la tierra constituían fuerzas complementarias, estrechamente relacionadas con la fertilidad, la germinación y la continuidad de la vida, asociación que se expresa en este relieve doble del Templo Mayor de México-Tenochtitlan, una de las primeras piezas arqueológicas halladas por el Proyector Templo Mayor, donde aparecen superpuestas las imágenes de Tláloc, deidad de la lluvia, y Tlaltecuhtli, entidad divina de la tierra.
La composición presenta dos rostros y dos cuerpos dispuestos en una misma posición. En la parte inferior, se reconoce la iconografía característica de Tláloc, que imita el estilo tradicional de Teotihuacan, mientras que la figura superior corresponde a Tlaltecuhtli, cuya representación incorpora atributos femeninos.
La yuxtaposición manifiesta la estrecha relación entre las fuerzas que hacen posible el crecimiento de la vegetación y la producción de los mantenimientos. En la parte alta del bajo relieve, resaltan tres calaveras o cráneos tallados en fila, elementos iconográficos que se asocian de manera directa con el inframundo, el sacrificio y los ciclos de renovación continua.
El cuerpo de Tláloc adopta la forma de corrientes de agua, una solución iconográfica que remite a relatos nahuas sobre los orígenes del mundo: en ellos, la tierra se constituye a partir del cuerpo de Tlaltecuhtli, que se desplazaba sobre las aguas primordiales. Por su parte, el signo ollin (movimiento), situado en el vientre de la figura superior, refuerza la dimensión dinámica de esta composición. La falda decorada con cráneos y huesos cruzados también vincula a Tlaltecuhtli con la muerte y las fuerzas del inframundo.
La representación permite reconocer que Tláloc no estaba asociado exclusivamente con la lluvia: sus atributos también comprendían la fertilidad terrestre, la germinación y el crecimiento de las plantas. El agua y la tierra aparecen, así como ámbitos interdependientes dentro de una misma concepción del orden natural y sagrado.
Esta relación entre tierra, muerte y regeneración permite establecer un vínculo temático con el Mictlán, el ámbito de los muertos en la cosmovisión mexica. Aunque el relieve no representa directamente el recorrido de las almas, sí invita a profundizar en estos conceptos que formaban parte de la cosmogonía mesoamericana.
Conoce más sobre el Mictlán: el viaje de cuatro años por los nueve niveles del inframundo mexica, en este recorrido interactivo del INAH: https://www.inah.gob.mx/images/interactivos/dia-de-muertos/mictlan/